No es lo mismo

Estoy cansado de oír
que la visita del papa a Madrid
es lo mismo
que la fiesta del orgullo LGTB+.

No.
NO.
No es lo mismo.

Para comprenderlo
hay que entender
cómo funciona la simetría
en entornos no homogéneos
en entornos no simétricos.

No es lo mismo
que un padre pegue a un hijo
que un hijo pegue a un padre
que un hombre pegue a una mujer
que una mujer pegue a un hombre.

Las circunstancias
asimétricas estructurales
hacen
que lo aparentemente simétrico
no sea realmente simétrico.

El papa visita un país
que tiene festivos religiosos (católicos, para más inri)
y casi ningún festivo laico
por no hablar de festivos homosexuales.

El papa visita un país
cuya educación concertada (y sanidad) religiosa
recibe apoyo constante
de los fondos del estado.

El papa visita un país
donde a nadie golpean ni discriminan
por llevar una cruz en el pecho.

El papa visita un país
donde casi la mitad de las calles o plazas
remiten a la historia de su iglesia.

El papa visita un país
donde las personas que no son heteronormativas
han de salir a la calle
para reivindicar derechos
que no tienen concedidos.

Ese país
en el que una fiesta como la del orgullo
es muestra de avance social
muestra de respeto a la diferencia
muestra de que queda mucho por hacer
para sentirse libres.

El papa visita un país
para decirnos cómo debemos vivir
para decirnos cómo debemos pensar
para decirnos cómo debemos sentir
para decirnos cómo debemos amar.

Pero eso no lo hace el orgullo.

El orgullo se organiza en el país
para decirnos cómo podemos vivir
para decirnos cómo podemos pensar
para decirnos cómo podemos sentir
para decirnos cómo podemos amar.

Y esa sutil diferencia
casi se escapa
pero no se me escapa.

Estoy HARTO
sí,
HARTO con mayúsculas
de escuchar
que la visita del papa a este país
es igual
que la marcha por el orgullo LGTB+ en este país.

No.
NO.
No es lo mismo.

Y a cualquier persona que no sea capaz de comprender la diferencia
o no quiera hacerlo,
no me gustaría tenerla cerca.

Papeles recuperados

He recuperado unos papeles que llegan como protección interior de los envíos de libros que recibo. Me gustan mucho como papel de envolver, pero también como soporte de escritura. Aún no tengo claro en qué o dónde los usaré, pero sí que lo haré.

Ahora toca esperar al siguiente envío para seguir recibiendo estos papeles que, supongo, la mayoría de la gente tirará inmediatamente. Convirtiéndose el subproducto, la basura, en el soporte de nuevas piezas, nuevos productos, que requieran, para su conservación, ser envueltos en otros papeles que serán basura para otras personas. Es un camino infinito, este del despilfarro, que no puedo atajar de ningún modo.

El planchado lo hago manualmente, sin ningún tipo de herramienta, y el almacenaje exige algo de imaginación, porque acaban ocupando bastante sitio y preferiría no plegarlos para que no acaben por tener arrugas por muy planificadas que estas puedan parecer.

Es una actividad casi meditativa, que me tiene ocupado casi durante media hora no haciendo otra cosa que desarrugar burruños y aplanar pliegos sobre una superficie que los contenga.

El lunes, incluso, estuve ocupado fotografiando parte del proceso y documentando esta actividad como si fuese digna de tal cosa. No soy propiamente un espigador, pues tan solo me encargo de reutilizar mi propia basura, en un mundo que cada día comprendo menos.

Exposición de Kay Woo

Maravillosa la risa de Kay Woo hablando en la exposición colectiva de la que formaba parte en la Kate Contemporary Gallery, una galería que presume de ser la única filipina en Europa, con vocación internacional e internacionalista, «Punto de encuentro» era el título y el motivo de la muestra de artistas de distintas procedencias, mayoritariamente extremo-orientales, que se convoca con la intención de hacer un homenaje al mismo nombre y resultar así un punto de encuentro en Madrid de creadoras que quizá, aún, no se habían encontrado en la ciudad que las aloja.

El sábado por la mañana había una visita guiada y me acerqué a la expo para encontrarme tanto con Kay como con algunas de las personas que acuden a mis talleres de poesía y que, como personas interesadas por lo contemporáneo, quisieron y pudieron unirse a las explicaciones de Joaquim, director de la galería, como de Kay Woo, centrándose en su obra.

Fijándonos en el detalle de su obra, queda claro que su pintura figurativa tiene algo de metafísica, al puro estilo De Chirico, o incluso tintes surrealistas en la línea de Magritte.

No obstante, es fácil apreciar influencias muy posteriores de autores presuntamente hiperrealistas, o pseudofotográficos como Edward Hopper, a quien tanto me recordaban las imágenes de Kay incluyendo textos urbanos y señales de tráfico o cartelería.

Pero más allá de esas múltiples referencias, encuentro una calidez, por momentos infantil, en la obra de mi amiga, que se expresa formidablemente en la risa que capté en la fotografía que encabeza esta entrada en el diario. Y esa calidez me cautiva, me gusta muchísimo más que toda su obra, a pesar de que también esté en su obra.

Las cabezas esculpidas, las caras sutiles que no se ven en la imagen, siempre me parecen algo que quiero tener en casa o regalar… pero que escapa a mis posibilidades económicas.

Fue un bello comienzo de jornada de este sábado memorable.

Monte Athos o los primeros incel

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/por-que-monte-athos-no-pueden-entrar-mujeres_21539

Existe este pedazo de tierra dentro de la Unión Europea, en concreto dentro del país heleno, que tiene prohibida la entrada a las mujeres, así, porque sí, por si los monjes resultan tentados carnalmente, lo que no dice mucho de su capacidad para autogobernarse, pero tampoco demasiado de la imaginación para ser tentados con otras carnes.

Es pavoroso que se permitan esta pequeñas cosas y sean unas anécdotas divertidas en lugar de un bochornoso episodio de homofobia, misoginia, transfobia, etc, etc, etc… y todo eso, claro está, como de costumbre, con una excusa tan baladí como la religión.

¡Cualquier religión que trate de manera diferente a hombres y mujeres (cis o trans) (hetero u homo u…) es absolutamente despreciable y contraria a los derechos humanos!

Luego no es de extrañar que exista en la actualidad ese absurdo fenómeno de los incel:

Incel, o íncel es un acrónimo de la expresión inglesa involuntary celibate, ‘celibato involuntario’). En sus orígenes el termino fue acuñado por una mujer canadiense en 1997 que creó el Proyecto de “Célibe Involuntario” como una fuente de consuelo y apoyo para personas que experimentaban soledad, falta de reconocimiento y apoyo social permitiéndoles un espacio para crear comunidad, expresarse y hablar de ello en virtud de las experiencias compartidas.

Luego de su creación, el ecosistema incel fue manifestándose en comunidades virtuales, integradas en su mayoría por varones, que fueron desarrollando una cultura propia. A través de los foros incels fueron in crescendo en expresiones de misoginia, hostilidad, apología de la violencia hacia las mujeres y personas LGBTIQ+, deshumanizandolas y responsabilizandolas por su falta de interacciones sexo-afectivas, llegando incluso a promover o realizar actos de violencia extrema.

Las restricciones al tráfico

«Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones al Tráfico»

Hay restricciones a multitud de cosas, lo que no parece ser un problema cuando se anuncia por todas partes las campañas de antiocupación como si fuese lo más grave y frecuente que ocurre en el mundo. La propiedad privada es tan sagrada que a nadie le parece razonable escribir «Trabaja desde una casa a pesar de… que no sea de tu propiedad».

Pero la restricción del tráfico, es decir, el respeto por la calidad del aire, no se promociona más que de manera negativa: mediante prohibiciones, así no el caso de la casa que te dicen que adquieras y cierres. Pero eso no supone aparentemente ninguna restricción.

Hay algo en el mensaje de esta furgoneta que me molesta mucho, pero no acabo de aclarar mi discurso y parece que estoy haciendo apología de la ocupación. No es esa la cuestión, sino saber reconocer que hay restricciones en multitud de otros asuntos y no se hace publicidad de servicios para evitar o a pesar de las mismas restricciones.

Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones en la ocupación de la vivienda.
Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones en el uso indiscriminado del suelo.
Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones en el ruido.
Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones en el decoro.
Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones en la libertad de expresión.
Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones en …

Aprendiendo, siempre aprendiendo…

Siempre es complicado hacer cosas que no suelo hacer. Toca aprender de nuevo, como si no supiera.

Ayer estuve probando diferentes métodos de mezclas de colores de capas y objetos, tanto en Inkscape como en Krita. El mundo Linux es amable en cuanto a documentación disponible, pero exasperante por poca intuitividad de las aplicaciones. No me quejo, pues la filosofía subyacente es: si crees que eres capaz de hacerlo mejor, hazlo. Y, en mi caso, no lo soy.

Por no sé muy bien qué razón, han eliminado de Inkscape en las últimas versiones la posibilidad de gestionar directamente los modos de mezcla desde el menú de capas y lo han desplazado al de relleno (que tradicionalmente está asociado a un objeto, y no a toda una capa que contiene o puede contener varios objetos). No me parece una buena idea, pero supongo que a alguien sí se lo ha parecido.

Por fortuna (o todo lo contrario) no utilizo Inkscape para la maquetación por su falta de soporte para CMYK, a pesar de que parezca lo contrario. Así que me preocuparía de saber hacerlo en Scribus, pero realmente, por lo demás, es una herramienta sencilla y cómoda con la que crear imágenes vectoriales y usar objetos o trayectos muy fácilmente.

Al final, tengo que usar Krita si quiero manipular imágenes (tampoco GIMP es bueno con el soporte CMYK) mezclado con un rudimentario Scribus que, obviamente, no está pensado para ese propósito. Krita, a pesar de disponer de la posibilidad de gestionar capas vectorizables o de «vectores», tampoco resulta demasiado cómoda para edición de, por ejemplo, una cubierta de un libro. Es muy potente para la gestión de imágenes y no tengo queja con ello, pero no para composición visual de objetos vectorizados junto a otras «cosas», como imágenes incrustadas.

Quizá, sencillamente, tendría que aprender mejor a usar Krita, pero me resulta algo sobrecargada de posibilidades para lo que suelo requerir.

Pequeños dramas del mundo alternativo…

Ahora pensando en actualizar a la última versión, independientemente del sistema operativo, para reincorporar esas «features» que se perdieron no sé por qué.

Mi reino por una toalla

He vendido mi alma (en este caso unos datos al rellenar una encuesta absurda) por un regalo que resulta ser una de esas toallas hiperabsorbentes que no sé si utilizaré. Ocupa una cantidad de espacio ridículamente baja para lo que presuntamente hace.

Esta mañana (escribo esto el martes pasado), me llegó una propuesta que decía que si rellenaba un pequeño formulario, que me llevaría unos 10 minutos cumplimentar, me darían este «regalo», con la condición, además, de ser una de las primeras 300 personas en hacerlo.

Me había despertado pronto y el mensaje parecía recibido hacía no más de 20 minutos, así que vi plausible que aún no lo hubieran intentado ese cupo de población ávido por obtener más objetos innecesarios. Además, el martes es el día que suelo ir a la piscina a hacer algo de ejercicio, aunque no tenga muy claro que me esté sirviendo de mucho más allá de tranquilizar mi conciencia y permitir que a la salida me otorgue un desayuno opíparo y grasiento.

El formulario comenzaba preguntando el género y permitía la opción de decir «prefiero no decirlo» que suele ser la que yo elijo. Pero al finalizar el mismo pedían el nombre completo y una dirección de correo electrónico. Entonces comprendí que había vendido mi alma (en este caso unos datos) por obtener una recompensa de dudoso interés.

Yo seguramente seguiré prefiriendo mi toalla de lunares verde y grande, acolchadita, sobre la que sentarme a cambiarme de ropa en el vestuario. Me perturba tener que tener tanta equipación específica para cada una de las tareas que se realizan: ropa de piscina, ropa de gimnasio, ropa de montaña, ropa de ciudad, ropa de entierros, ropa de bodas, ropa de cenas, ropa de desayuno, ropa de andar por casa, ropa de presentaciones, ropa de poeta, ropa de acostarse, ropa de performance, ropa de pintura… y así voy reduciendo mis personalidades a ropa de mí mismo y poco más.

No conozco la escritura de Alice Munro

No conozco la escritura de Alice Munro, pero me dio por curiosear su biografía, cosa que suelo hacer lea a quien lea, incluso conocer la historia de su país o ciudad, para obtener algo más de contexto, y me encontré con la triste noticia de que había sido acusada de «silencio cómplice» por los abusos a los que sometió su marido a su hija, quien logró que el pederasta acabase pasando una temporada en prisión (bastante leve, por cierto, la condena), tras lo cual parece ser que Alice Munro siguió con él sin, aparentemente, reprocharle su comportamiento.

Hay quien cancelaría a Alice Munro en esta época post-metoo y no se trata de que no crea a su hija ni por un momento, sin embargo no conozco la escritura de Alice Munro, quien llegó a ser Premio Nobel de literatura en 2013 y de quien he hablado con mi compañero del estudio, Jaime Vallaure, quien se declara gran lector de esta autora que, posiblemente, fue una persona que cometió un acto (aun por omisión) deleznable.

Sé que soy hombre, heterosexual, cis, blanco, de clase más o menos media y de Jaime se podría decir algo bastante similar, así que es posible que esa sea la razón por la que voy a comenzar la lectura de este libro, pero me deja mal sabor de boca, lo reconozco, saber que esta mujer se comportó de esa manera.

Así que no la voy a cancelar, pues tendría que dejar de leer a casi cualquier autor del siglo pasado (y no hablar de anteriores), e incluso autoras… Pero me da vergüenza reconocerlo. Lo sé.

Me sorprende, no obstante, el título del libro de Munro y espero que, quizá a través de su lectura, pueda llegar a comprender su acción… o su inacción.

Los libros de mi Día Internacional del Libro

Hoy era el Día Internacional del Libro y quise hacerme con algunos de los libritos que me voy a leer próximamente, amén de alguno que me reservaré para las vacaciones.

Nada mejor que ir a la librería de mi amigo y gran librero: Andrés Larrinaga, en Librería MenosDiez, situada en Calle del Espejo, 5, justo a unos metros de mi estudio.

El regalo de la bolsa a partir de unos pantalones reutilizados me parece el broche ideal y cariñoso de una librería que por encima del negocio, tiene la ética. Es un honor y un orgullo contar con amigos semejantes.

En las nubes

Me consta que hay seres humanos
que confían en las nubes

Podría ser un bonito epígrafe
para un poema lírico
que hablase de fantasías
o sueños
quimeras
o unicornios

Sin embargo
este poema
habla de posibles
embargos
en las nubes
esas que dependen
de pozos petrolíferos
de peces petrolíferos

Sin embargo
este poema
trata de cómo murió
un sistema de hacer copias
de seguridad
por la inseguridad
que alojaba
según los encargados
de mantener la seguridad
en la red

Y aun así (aún)
me consta que hay seres humanos
que confían en las nubes

Esto no es una broma