La pérdida del imperdible

PROYECTO: 0019 – LA PÉRDIDA DEL IMPERDIBLE

Título: La pérdida del imperdible

Idea original
Giusseppe Domínguez

Guion
Alejandro Gallego
Giusseppe Domínguez

Fotografía
Tanja Ulbrich
Alejandro Gallego

Edición de fotografía y vídeo
Giusseppe Domínguez

Extracto de Cortometraje

Estructuralmente Inestable
Dirigido por Aída Márquez, 2005
Asociación Cultural Clave 53

BSO

Doomed Romance, 2016
Chris Martyn/Geoff Harvey
Purple Planet Music
Music: http://www.purple-planet.com

Modern Piano Epsilon – The Small
Album Mad Pianist, 2006
Title Kevin MacLeod (incompetech.com)
Licensed under Creative Commons: By Attribution 3.0
http://creativecommons.org/

Bensound Music licensed under a Creative Commons License:

Royalty Free Music from Bensound
www.bensound.com

Themes used (in order)

Cute
Sexy
The Lounge
Jazz Comedy
Ofelia’s Dream

Cabecera y Títulos de Crédito
Alejandro Gallego

Imágenes de Portada y Cierre
Tanja Ulbrich

Una Producción de

Laboratorio de Poesía Experimental
Asociación Cultural Clave 53

Hombres que miran a las mujeres con respeto

Por fin una serie en la que encuentro hombres con los que sentirme identificado sin sentir vergüenza ajena. Es una serie de entretenimiento, sin enormes pretensiones culturetas, divertida, de “fantasía”/”ciencia ficción”, del canal SyFy, sobre demonios, vengadores con superpoderes, etc…

Además de guapos (eso no podía ser de otra manera en una serie que no pretende dejar de lado el mainstream), hábiles, inteligentes y, sobretodo, respetuosos con las mujeres.

Los dos protagonistas (e incluso el villano antagonista) tienen un trato de la mujer que dista de ser condescendiente, que las consideran iguales, sus iguales, sin ser ni sus príncipes azules ni sus amos y señores. El atractivo Agente Dolls (Shamier Anderson), acaba siendo amigo de la interesante protagonista, Wynonna Earp (Melanie Scrofano), con quien tan sólo cruza un beso en el último capítulo de la primera temporada y, casi diríamos que por accidente.

En todo momento se refiere a ella como Earp (no por el nombre de pila), como si de un igual se tratase. De nuevo, sólo en una ocasión el guion le hace llamarla Wynonna para distinguirla de la otra hermana Earp. Y lo recalca, casi haciéndonos saber que si no fuese por eso, seguiría mereciendo el respeto de su compañera de trabajo y no la familiaridad con la que se suele tratar a toda mujer en una relación cinematográfica.

El guapísimo Doc Holliday (Tim Rozon) acaba enamorado de ella (antes que ella de él, de nuevo un rasgo infrecuente) pero respetando en todo momento su absoluta libertad de elección, incluso en ese beso que encuentra con su “competencia” Dolls, sin repartirse a la mujer cual botín de guerra.

El tópico (casi) de lesbiana policía Nicole Haught (Katherine Barrell), quizá, acabará siendo (espero) lo que menos aporte a este alegato a favor de unas nuevas relaciones interpersonales, alejadas de heteropatriarcados hegemónicos omnipresentes.

De esta serie se recalca en los artículos que encuentro sobre ella el feminismo en las relaciones intermujeriles, satisfaciendo sin problemas el celebre Test de Bechdel, los roles que estas ocupan y las acciones que llevan a cabo, pero yo no dejaría de lado, porque me parece uno de los más importantes avances post-Bechdel (esa mínima exigencia), los roles masculinos, la nueva masculinidad que puede ser, como en esta, viril, masculina, incluso testosterónica, pero no por ello machista ni propia de opresor de tres al cuarto.

¡Ya era hora!

Supongo que no es casual que su guionista sea mujer (Emily Andras). El siguiente paso, será que pudiera haber sido un hombre quien realice estas miradas progresistas. ¿Para cuándo?

Ella le besa a él. Sí, se puede hacer así.

Car2go

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Ya me he dado de alta con Car2go. Quizá porque pensaba que me podía ser útil y, definitivamente, porque creo que la forma en la que la ciudadanía debe desplazarse por un lugar tan hiperpoblado como Madrid (o cualquier otra ciudad que sobrepase el millón de habitantes) debe cambiar con urgencia para mejorar la calidad de vida y, también, sí también, para aumentar la eficacia de los desplazamientos.

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No obstante, sigo sintiendo que esta ciudad en concreto es pequeña y caminable, lo que hace que el uso de coche, incluso de este tipo de coches, es algo ineficaz de por sí. Y lo voy comprobando poco a poco:

Gestioné el alta hace casi un mes y lo he usado en dos ocasiones, y esforzándome, después de un frustrante primer intento en el que no logré que se pusiese en marcha el vehículo. Parece ser, después de la llamada de rigor al servicio de atención al cliente, que tienen algo de truco, pues no siempre arrancan a la primera, a pesar de que se sigan a rajatabla las indicaciones.

No me di por vencido y volví a intentarlo, entre otras cosas porque en con el alta, que cuesta 9€, te “regalan” 15€ en minutos para practicar y no protestar (ahora comprendo). El sábado de la semana pasada, Carmen y yo fuimos a la exposición de una alumna mía (Kay Woo) en el Museo Tiflológico de Madrid, que está situado en la calle Coruña, cerca del metro Tetuán. Una obra fantástica, un museo formidable y una alumna… magistral.

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Dado que la línea 1 no estaba operativa, el trayecto que habríamos hecho habitualmente, desde nuestra vivienda en el centro de Madrid hasta allí habría sido mucho más complejo que un simple GranVía-Tetuán. Caminando es una tiradita y en autobús la combinación es casi imposible o tarda cerca de una hora. Debíamos haber optado por un transbordo haciendo la combinación Noviciado-Cuatro Caminos (L2) X Cuatro Caminos-Tetuán (L1).

Es decir, que nos decidimos a retomar el intento de gastar los 15€ que tengo en mi cuenta de Car2go y buscamos un coche cerca de nuestra casa.

He aquí uno de los primeros inconvenientes de la app para quienes vivimos tan céntricos como nosotros: en la zona centro casi no hay coches disponibles nunca en un radio de menos de 10 minutos, lo que hace que sea muy poco práctico para nosotros, puesto que en esos 10 minutos ya estamos muy cerca del destino, eso teniendo problemas de transporte, como era el caso.

Excepcionalmente, siendo sábado por la mañana, había un vehículo a unos 7 minutos caminando.

Tras unos breves y torpes comienzos, conseguí ponerlo en marcha, ya sabiendo que había que llamar desde dentro del coche si había algún problema y nos pusimos a conducir.

El coche se conducía bien, eléctrico, hace poco ruido, pequeño y manejable y las velocidades que maneja son las adecuadas para tráfico urbano, así que sin ningún problema llegamos en unos 30 minutos, tras aparcar en un lugar permitido de los de zona verde sin restricciones de aparcamiento por carga-descarga.

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Por supuesto, con mi falta de experiencia conduciendo por ciudad, hacerlo un día de diario con mucho tráfico no se me pasa por la cabeza, pues la cantidad de estímulos que aparecen en la conducción me parecen un contraestímulo para el deseo de conducción, pues noto la probabilidad de ser afectado por alguno de ellos: Pequeños accidentes, rozaduras, abolladuras, frenazos, infracciones de reglamento…

A pesar de que se reduce enormemente la responsabilidad con respecto a la que hay que tener al usar un coche en propiedad, no deja de ser exigible una responsabilidad de conductor que me parece una pérdida de libertad de opciones (por ejemplo, limita las posibilidades de ingerir bebidas alcohólicas, entre otras cosas).

No quiero ni pensar en las posibles pesadillas que pueda ocasionar el ser “responsable” de algún desperfecto en el vehículo, directamente o no, causadas por la conducción o no apreciadas y correctamente verificadas al aceptar el uso del mismo. ¿Qué pasa si, en un despiste, aceptaste que el coche no tenía ningún daño y tras el uso que haces del mismo, el siguiente usuario reporta un nuevo daño? ¿Se te imputa el mismo?

Ayer, volvimos a hacer uso del tiempo remanente (ya sólo me quedan 14 minutos) viniendo desde las proximidades de la calle General Rodrigo, donde fuimos a hacer unas revisiones oftalmológicas y dermatológicas para Carmen (su dermatóloga es extremadamente guapa y simpática, sin que venga en absoluto a cuento) y aparcando casi en nuestra misma calle, en la esquina de Corredera Baja de San Pablo con Loreto y Chicote, pero aquí viene el otro gran inconveniente del uso para nosotros, habitantes del centro centrito centroso de la ciudad: Tardamos cerca de 10 minutos en buscar aparcamiento. Seguramente, si el uso de estos vehículos se extiende, resultará mucho más sencillo encontrar sitio, pero actualmente, es uno de los que considero problemas principales.

Habríamos tardado bastante menos en venir en Taxi, costándonos, quizá, tan sólo 2 euros más de lo que nos habría costado el viaje en car2go, que ascendió a unos 4€ (20 minutos). En autobús habríamos tardado 10 minutos más y nos habría costado (entre los dos) 2,40€, sin preocupaciones de ningún tipo, andando, por cierto, nos habría costado… uy, nada, con tan sólo 15 minutos más, que los podríamos haber recortado al tiempo que le dedicamos al cuidado de la salud, al gimnasio o a cosas parecidas, en bicicleta, salvo muerte ocasionada por la dificultad intrínseca que tiene esta ciudad para circular de esta manera, nos habría costado los gastos de la bici… y el mismo tiempo o, incluso, 5 minutos menos.

En resumen y de momento (seguro que cambiará mucho, pero mucho mucho, con la llegada de los vehículos autodirigidos, que está por despegar de la mano de los google-car y semejantes), mis preferencias para este tipo de transporte por la ciudad viviendo donde yo vivo (esto es crucial, pues no es igual para todo tipo de personas, ni por ubicación, ni por hábitos de vida, etc) son las siguientes:

  • Transporte preferido para distancias menores de 3 Km: Peatón, sin dudarlo. Tardo menos de 30 minutos en ese recorrido, disfruto de una actividad física, intelectual, absolutamente no contaminante y que estimula la comunicación, el disfrute del ahora y reduce los riesgos de accidentes, amén de reducir también el consumo innecesario, incluso, el de gimnasios.
  • Transporte preferido para distancias mayores de 3 km: Metro, salvo las excepciones en las que el autobús cubra la ruta de manera más directa y además no sea horario de alta concentración de tráfico. Poca contaminación urbana (no nos engañemos, el consumo de energía se produce, pero los residuos ocurren o pueden ocurrir a distancia de la ciudad, en las correspondientes centrales térmicas), reducción de riesgos de accidente, alto control del tiempo de llegada para evitar impuntualidades, disponibilidad de tiempo para descansar mientras se lleva a cabo el traslado pertinente e, incluso, posibilidad de concentrarse en la comunicación, aunque sea no verbal, con otros seres humanos en las mismas condiciones.
  • Transporte preferido para urgencias: Taxi, salvo que el flujo de tráfico no lo aconseje como opción haciendo más rápido el transporte bajo la superficie, o que el precio sea excesivo, en cuyo caso pueden barajarse otras alternativas (pero desde el centro de Madrid hay tantas opciones de movilidad que es casi imposible no encontrar otra opción rápida).
  • Transporte preferido para disfrutar de las vistas: Peatón, otra vez, salvo que se deseen recorrer largas distancias, en cuyo caso, en Madrid, está la estupenda opción de los autobuses urbanos (EMT, no confundir con EMT).

¿Cuándo, entonces, usar el car2go?

Bufff… pocas veces, seguramente, será la mejor opción para moverse por la ciudad hacia o desde mi casa, pero es posible que, en alguna ocasión, desde alguno de los destinos donde imparto clases particulares, como la zona de Pirámides, tenga que desplazarme a otra zona de condiciones parecidas, amplias calles, comodidad para aparcar, baja densidad de opciones de transporte público subterráneo directo, dentro de la M30 (restricción que actualmente tiene car2go), etc.

¿Y la bici?

Ni de coña. Sigue pareciéndome un mal transporte para una ciudad como Madrid (todo, por supuesto, de momento), debido a razones urbanísticas, sociales, etc. Ya escribí un artículo sobre el uso de la bicicleta en Madrid y sigo opinando lo mismo: son para irresponsables o para amantes del riesgo. No soy ninguna de las dos cosas.

En conclusión, seguro que este artículo quedará obsoleto en menos de dos años, así que no es importante ninguna conclusión pues en absoluto será concluyente. Y mi capacidad para prever el futuro está bien descrita en mi suposición (hace 20 años) de que los teléfonos móviles no iban a triunfar en España.

La movilidad en las ciudades está cambiando vertiginosamente, se adivinan tiempos en los que los coches privados dejarán de ocupar el enorme espacio que ahora ocupan, que aparecerán nuevas formas más optimizadas de desplazarse por el espacio urbano, que puede que acaben por convertir las ciudades en lugares más agradables y habitables.

Tras ese gran cambio, o simultáneamente, vendrá otro en los trayectos de medio o largo recorrido, convirtiendo la posesión de un coche en algo tan obsoleto como la posesión de una carroza o un caballo, o un CD. Y seguro que veré ese futuro.

Un cursi corazoncito

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De una carta encontrada en un bar de Hamburgo durante mi última visita a mi querida amiga Aída B. Márquez.

La libertad de la performance

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El sábado presenté la acción ¿Y si mi cuchara es un tenedor? en el V ENCUENTRO Artes Vivas y Efímeras que convocaba Ana Matey en el centro de creación Matsu.

El trabajo que mostraba trataba sobre la libertad, sobre esa resistencia a aceptar la obligación, el dictado, la norma. Y su reverso más liberador: la creatividad, la realización como demostración de que todo es posible; la cuestión siempre es el cómo.

Tras una sucesión de acciones de diferentes enfoques, realizadas por Analía Beltrán i Janés, Pedro Déniz, Giusseppe Domínguez (yo mismo), Sofía Misma, Georgina Marcelino, Blanka Palamós i Claramut con su pareja y su bebé, Elisa Miravalles, Anna Bonfill, Eva Rodríguez, Blanco&Roja (Alba Blanco+María Roja), Nieves Correa, Abel Loureda y PACK Performance Art Company compuesto por Xirou Xiao, Xiaozhen Mao, Meng Meifu, Shihua He y Analía BiJ, cenamos en estupenda armonía una variedad de platos que cada cual había aportado con sus mejores intenciones y sin la menor problemática asociada a las dificultades habituales que últimamente pueblan cualquier evento gastronómico.

Acabó estupendamente, con un ambiente ameno y divertido, como suele terminar este tipo de eventos y me volví a casa (traído generosamente por una recién conocida documentalista) con una enorme sonrisa que no sabía muy bien explicar hasta que la contrasté con otros eventos de los que suelo volver agotado (no sólo tango).

El sábado, por encima de todo, primaba la libertad. Una libertad que se respiraba en un Epojé (del griego ἐποχή «suspensión») que casi hacía mi propuesta innecesaria, por falta de contexto. Pero también estaba presente en la creación variopinta, sin censuras, por placer, por onanismo, casi, pero sin desconsideración egocéntrica mediante, salvo la justa y necesaria.

Tuvo un colofón “discotequero” en el garaje/cobertizo del lugar con bailes bajo la acertadísima musicalización de Les Inspecteurs, donde cada cual movía su esqueleto como le venía en gana, sin pensar en técnicas, ni en calidades, ni en niveles, ni en nada que se le parezca. Cada cual ejercía la libertad de moverse bajo los estímulos recibidos sin otra premisa que la de dejarse afectar por la música.

libertad como bandera,
objetivo y método,
propuesta de partida y punto de llegada

libertad de acción
de las acciones y de las palabras
libertad de culto culta
libertad
libertad en todos los sentidos consentida sin consentimiento innecesario
libertad
liberadora

libertad en potencia y acto
libertad de verbo y gracia
libertad agradecida y agradecimiento
por generar espacios
donde la libertad
lo sea todo
y lo permita todo
pues sólo en libertad
concibo amor
concibo humano
concibo ser (llamémosle existir)
concibo concebir
concibo amar
concibo la felicidad

Afortunadamente, sé rodearme de quien al rodearme no me encadena, sino que abren veredas para que siga explorando el infinito universo de la vida.

Un fragmento de la serie Community

Hay series de humor disparatado como esta que, lejos de ser una sitcom convencional, acabarían siendo una serie de culto si su humor no fuese tan absurdamente disparatado.

La trama de los capítulos es absolutamente prescindible y lo único importante acaba siendo la creatividad llevada a experimentaciones propias de atrevidos cortometrajistas. De ahí su interesante formato de 20 minutos.

Es muy de agradecer la ausencia de “risitas” enlatadas tras los presuntos gags de la misma que, por otro lado, no se suceden como “chistes” sino que son la esencia misma de la serie: prácticamente toda ella es un continuo gag con varias caras.

Un ejemplo es este epílogo de un capítulo de la sexta temporada que propone un avance imaginario de una supuesta versión lusa de Los Gremlins, revisitando los tópicos hasta hacerla absolutamente absurda e inverosímil.

Sobre los alpes franco-suizos

Volar sigue pareciéndome mágico, por más que comprenda la física subyacente:

laconsulta.giusseppe.net

laconsulta

Por fin he terminado (quedará algún fleco) el diseño y/o programación de la web del proyecto La Consulta: Caso 30.

He logrado que sea visible en todo tipo de dispositivos optimizando su visionado en todos ellos, así como en medios paginables (impresoras), haciendo incluso posible su impresión página a página sin separación de párrafos o bloques de preguntas y respuestas.

El color elegido para el menú superior de la versión móvil (para pantallas de menos de 750 píxeles) ha sido casual y no causal, dado que lo encontré en un ejemplo y me gustó. Lo mantuve porque creo que los móviles tienen cierta necesidad de color que, sin embargo, en las pantallas de ordenador resulta saturante.

En lugar de la utilización de una imagen para el famoso icono “hamburguesa“, preferí utilizar una letra griega (Xi) en mayúsculas, muy en consonancia con el resto del proyecto: Ξ.

Otro tema que me tuvo muy perturbado era el de usar un diseño que el posicionamiento de Google no viese mal (maldito SEO), lo que conllevaba dejar de utilizar, entre otras cosas, mis amados frames y framesets, óptimos para menús y pies de página o para ventanas laterales fijas, pero que dado el desarrollo del posicionamiento en pantalla mediante CSS parecen obsoletos, casi como yo.

Así que prescindí de ellos, pero había algo que no me gustaba de esta nueva forma y era el tener que repetir “código” HTML en cada uno de los ficheros o páginas estáticas de las que está compuesta la web en cuestión.

No quería pasar por la utilización de JavaScript (por dar soporte a los usuarios más paranoicos posibles) y barajé la opción de usar PHP o, incluso, algún tipo de aplicación en el servidor, pero me parecía realmente matar moscas a cañonazos. Terminé optando por una solución de compromiso que, no obstante, me resulta interesante:

Naturalmente, la sección correspondiente al footer, está resuelta de la misma manera.

La función creaheader() está definida en un archivo llamado laconsulta.js en el siguiente fragmento:

Y ya que estoy emocionándome con esto de mostrar códigos, mostraré también el que uso para organizar los diferentes bloques de reglas de estilo CSS3, un genérico consulta.css que incluye cuando procede los distintos archivos css (para pantallas de PC, para móviles, para impresoras):

Estoy especialmente orgulloso de haber sido tan detallista como para que la impresión de algo tan complejo como esos “acordeones” de preguntas y respuestas pueda ser realizada sin la ruptura de los bloques en páginas separadas, mediante la inclusión en el fichero acordeon.css de las siguientes líneas que evitan esa medida que habría ocurrido de manera automática:

Ahora sé que será una web poco visitada y que la obsesión por el posicionamiento SEO es absurda y ni hablar de las manías que vengo habiendo demostrado y mostrado durante este desarrollo, pero he aprendido bastante en el proceso y alguna de esas cosas será reutilizada en un futuro no muy lejano cuando tenga que remodelar la web de la Asociación Cultural Clave 53.

Hoy me cambié el procesador

Resulta que mi DNI incluye un 386 entre sus dígitos, cifra que me sirve para recordarlo pues es uno de los procesadores de uno de los innumerables ordenadores que he tenido a lo largo de mi vida.

Hoy, al intentar acceder a los servicios telemáticos de uno de los bancos en cuyos servidores consta la información sobre la cantidad de dinero que se supone que tengo (la propiedad de algo tan abstracto es sumamente difusa), fallé en la autenticación o proceso por el cual informo de algo que se supone que sólo yo sé para proceder a garantizarme el acceso a sus servicios: Introduje repetidamente un 286 donde debía ir el 386.

Ese sí que había sido mi primer PC, técnicamente hablando, pues anteriormente sólo había contado con “chismes” del tipo spectrum (con y sin plus(+)).

Había adquirido (mis padres lo hicieron posible (gracias)) un Intel 802861 (llamado oficialmente iAPX 286, también conocido como i286 o 286) que era un microprocesador de 16 bits de la familia x86, que puse a trabajar desde el primer día para realizar cálculos de mecánica cuántica.

Anteriormente, en las aulas de informática de uno de los módulos de la facultad de ciencias de la UAM había utilizado los obsoletos 8086 y 8088, amén de mis amados UNIX en arquitectura RISC, siendo ya entonces multitarea y multiusuario de manera nativa.

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Al 4004 lo sucedieron el 8008 en 1972 y en 1974 el 8080, cada vez logrando mayor capacidad. En 1978, Intel comenzó a comercializar el procesador 8086, un ambicioso chip de 16 bits potencialmente capaz de ser el corazón de computadoras de propósito múltiple. El 8086 se comercializó en versiones desde 4,77 y hasta 10 MHz.

IBM adoptó al hermano menor del 8086 (el 8088, un procesador con un bus de datos interno de 16 bits, pero con el bus externo de 8 bits, lo que permitía aprovechar diseños y circuitos para sistemas de 8 bits) para basarse en él y lanzar la línea de computadoras más exitosa de la historia: el IBM PC (1981) y el IBM XT (eXtended Technology) (1983)

[Extraído de Wikipedia sobre x86]

Aquellos no contenían disco duro propio en los ordenadores disponibles y había de ir dependiendo de un MS-DOS (o IBM-DOS o DR-DOS…) que se insertaba, con suerte, en una de las dos disqueteras de cinco pulgadas y cuarto.

Por supuesto, nos olvidábamos felizmente de que en otros ordenadores había entornos gráficos amigables (X) que hacían más sencilla su utilización.

De ahí a hoy no hay más que una evolución divertida, en la que el RISC ha pasado a formar parte del ARM (esa R) y estos a ser la base de los dispositivos móviles más utilizados, entre otras cosas.

Pero esto ya es otra historia y aquella parece estar siendo contada en la preciosa serie de Halt and Catch Fire.

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Wentworth is the new Orange

Orange is the new Black

Black is the new Red

Red is the new White

White is the new Heisenberg

Heisenberg is the new Hume

Hume is the new Ockham

Ockham is the new Aristóteles

Aristóteles is the new Zenón

Zenón is the new Tales

so…

Mileto is the first Wentworth.

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