Windows-PP: La opacidad queda garantizada

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Ventana Oscura

La opacidad queda garantizada


De la serie Publicidad En Cubierta

Oliver Cromwell y la Infanta

El 4 de enero de 1649, los Comunes aprobaron una ordenanza para establecer un Tribunal Superior de Justicia para juzgar a Carlos I por alta traición en nombre del pueblo de Inglaterra. Los lores la rechazaron y como no recibió el Consentimiento real, Carlos solicitó se le explicara al comienzo de su juicio el 20 de enero en Westminster Hall “¿En función de que autoridad es que yo he sido traído aquí? ¿En función de que autoridad, quiero decir de que autoridad con peso legal?“, para lo cual no existía una respuesta legal de peso según los estatutos constitucionales de esa época.

Por lo menos, no se amparó en un vergonzoso: yo no sabía lo que hacía.

Afortunadamente, a Carlos I le cayó el peso de la ley en la garganta.

Pero era en la Inglaterra de los 3 Reinos, allá en el lejano siglo XVII. En el siglo XXI los reyes han aprendido a quitarse de en medio los problemas que podían llevarles a terminar así. Pero no sus privilegios. A esa astucia se le llama Monarquía Constitucional.

Leviathan

¿Es el hombre un lobo para el hombre?

Inquietante el hecho de que la figura del Leviathan del famoso libro de Hobbes esté conformada con seres humanos que conjuntamente dibujan al propio ente que los domina. Una visión marcadamente pesimista, sin duda, pero algo más realista de lo que me gustaría.

La impersonalización produce monstruos

Alguien (esta impersonalización es con la buena intención de no personalizar en el mensajero) ha publicado esta demagoga reflexión en uno de esos lugares (impersonalización innecesaria) de internet donde la gente (otra impersonalización más) hace estas cosas:

Alguien ha echado la cuenta: el rescate de las autopistas nos sale a unos ciento y pico euros por cabeza. Con esa cantidad yo hubiera preferido, por ejemplo, rescatar la luz para una familia que no pueda pagarla. Pero como ya han decidido por mí, pues que me digan al menos qué trozo de autopista es el mío, que ya sabré yo lo que hacer con él. Comprarme un martillo neumático, cargármelo y plantar amapolas.

Pero esta nueva impersonalización sí me parece más preocupante:

  1. El alguien que ha echado la cuenta es el gobierno o ministerio correspondiente, elegido democráticamente en nuestro (seguramente mejorable) sistema electoral. Sabiéndolo, poniéndole nombre, personalizando, quizá acabemos por entender que es nuestra responsabilidad decidir quién nos gobierna.
  2. La decisión se toma por mí. ¡Toma pues claro! Es lo que tiene una democracia representativa, que no es que no sea democrática, pero se delega en terceras personas (las que conforman un gobierno y un equipo ministerial) encargadas de tomar esas decisiones que, si no nos gustan, deberíamos asumir que son cambiables. Pero la realidad es que ha vuelto a gobernar el PP, tras años de encontrarme este tipo de comentarios, así que estoy empezando a pensar que hay poca cultura democrática y aceptación de resultados electorales en este país, o en mi entorno… y no me gusta.

Es equivalente a cuando veo este tipo de gráficos que supuestamente justifican la falta de representatividad del gobierno o los agentes elegidos por la población:

Obviamente no defiendo que tenga que gobernar el PP por ser el partido más votado, es más yo era de los partidarios de haber llegado a un acuerdo entre PSOE (si algo le quedaba de S) con UP. Pero ese sector, junto con los naranjas, decidieron conformar una mayoría absoluta que ha permitido al PP formar gobierno.

Los que votaron son los que deciden que la democracia participativa les representa, los que no votaron no están mostrando qué es lo que decidieron. No digo que pase nada por no votar: en España el voto no es obligatorio, pero si no votaron no pueden inferir que todos los que no votaron piensan como ellos. Es más, lo que se hace es extrapolar el porcentual de los votos al total, ignorando el no-voto que no dice nada (todo lo que se suponga que pueda estar diciendo es mera especulación).

Hay quien votó al PP, hay quien votó al PSOE, hay quien votó a UP, hay quien votó a C’s, hay quien votó a otros… y todas estas personas merecen mi total respeto, aunque no voten lo que a mí me gustaría que votasen.

¿Ahora se trata de aguantar y “tragar”? No, se trata de asumir que se está haciendo y tomando decisiones que hemos elegido entre todos aunque no sean las que me gustan.

Por último: este tipo de comentarios se seguirán haciendo incluso cuando salgan las votaciones por referendums o asambleariamente o de cualquier otra manera (decide Madrid o lo que sea) porque lo único que reflejan es la falta de responsabilidad y la carencia de respeto a las diferencias, lo que conlleva que no seamos un buen país para la democracia.

Donald

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Falacias aparte… No hay más que decir.

¿Y si tuviéramos un sistema electoral de “segunda vuelta”?

Me pregunto qué habría pasado si tuviésemos un sistema de segunda vuelta electoral, al modo del sistema francés (al menos para elegir al presidente de la república).

Tras las elecciones del 20 de diciembre de 2015 se habrían podido presentar, tras no llegar a acuerdos, tan sólo las dos fuerzas políticas mayoritarias (PP/PSOE) y es mi deber suponer que habría ganado el PP, pero esta vez por mayoría absoluta, claro, como siempre en este tipo de sistemas.

Después de la decepción de ayer/anteayer, voy dándome cuenta de que la vida sigue, fiebres aparte, y que hay mucho margen de maniobra, incluso políticamente hablando.

Un partido como Unidos Podemos era inconcebible hace 5 años y ahora está ahí, miedos aparte, siendo el tercer partido más votado y por más de 3 millones de personas.

Está claro que la derecha (C’s incluidos, por supuesto) ha pensado de esa manera, de segunda vuelta y ha decidido agrupar su voto en el más votado. Esto le ha supuesto (merced al Sistema D’Hont) una importante mejora electoral.

Sí, seguimos pensando en términos de derecha/izquierda y aunque ya no sean como eran en el siglo XX (pre-caída-múrica), es cierto que hay muchas diferencias, pero no son tan irreconciliables como parecen.

Los comunistas han dejado de tener rabo y cuernos, pero los franquistas han dejado, también, de fusilar a los disidentes y meterlos en cunetas o en la cárcel. Las exageraciones producen monstruos y los monstruos se alimentan de nuestra carne y nuestra mente.

Sigo sin comprender, como decía ayer, cómo ha podido votarles tanta gente, habida cuenta de sus múltiples escándalos, y no, no me creo que todo sea una consecuencia del fraude electoral. Habrá habido fraudes, pero seguro que de otros lados también. Sólo que en el PP son más y más cabezotas y no creen en la democracia. Yo, ingenuo, sigo creyendo en la democracia incluso o a pesar de lo que pasó el domingo.

Ahora toca otro día de dolorosos comentarios en las redes sociales de las que estoy desconectado afortunadamente por enfermedad, y no quiero ni pensar en algunos encuentros con amigas cuyo pensamiento dogmático y prepotente les hace, en el fondo, creer tan poco en la democracia como esos (muchos, no todos) votantes del PP que tanto denostan.

No lo entiendo

Estupor
ante la victoria clara del PP
tras una temporada en la que han salido a la luz
numerosos casos de corrupción
de prácticas delictivas del ministro de interior
que tenía
ayer
que dar los resultados del escrutinio.

Brexit.

Está claro que hay miedo y un grito
generalizado de sálvese quien pueda
se lanza desde todos los frentes.

El país de pandereta en el que vivo
no tiene parangón.

Tengo fiebre
y no tiene nada que ver con las elecciones
pero me pone enfermo este panorama
postelectoral.

Voto por correo

Ayer voté por correo.

Nací mientras aún estaba vivo
Francisco Franco.

A la tierna edad de 13 años
viví con intensidad una jornada
pavorosa
durante la cual
un grupo de personas
que no creía en los partidos políticos
como modo de gestión de nuestras necesidades nacionales
quiso imponer una regenerada dictadura.

En ambos casos
la figura de la monarquía fue relevante.

Ayer voté por correo
porque creo en la democracia
incluso en la democracia parlamentaria representativa.

Se me dirá que soy un ingenuo.
Se me dirá que todos son iguales.
Se me dirá que no hay arreglo.

Pero quienes me dicen eso
son los que me empujan a votar.

Quizá porque Francisco Franco
habría pensado que yo era un ingenuo
habría pensado que los políticos eran algo de lo que desconfiar
habría pensado que él podía arreglarlo.

Ayer voté por correo
arriesgándome a que en último momento
pase algo (de última hora)
que pueda hacerme dudar de mi voto
no tan importante, después de todo.

Me dio por pensar
que no votaba por los últimos momentos
sino por la confianza (ingenua) en una propuesta
articulada con mayor o menor acierto
en un programa electoral
que ha de ser un programa de gobierno
por la confianza en la diferencia
aunque sea sutil
de quienes se postulan para dirigir las riendas del país
por la confianza (ingenua, lo sé)
en la intención de arreglar
lo que puede que no tenga arreglo.

No quedo expectante
a ver si ganan “los míos”
porque creo en la democracia
y ganarán los que elijamos
los que somos tan ingenuos
como para votar
(sistemas electorales aparte).

¿Cuándo podremos decir que vivimos en una democracia?

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cuando seamos capaces de entender que Estado y Gobierno no son lo mismo
cuando seamos capaces de entender que la soberanía del estado reside en el pueblo
cuando seamos capaces de entender que la libertad no es una opción, sino una obligación y una responsabilidad


entenderemos qué significa vivir en una democracia.

14 de abril de 2016

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… y seguimos con una monarquía que diferencia a unas personas como las indicadas para ser los jefes del estado por el hecho de descender de otras que fueron ungidas por la autoridad papal.

Hay pocas familias “monárquicas” y, afortunadamente, su preponderancia gubernativa no hace sino menguar desde hace un par de siglos, no obstante, aún mantenemos una obsoleta institución, que lo único que hace es afirmar que los ciudadanos no somos capaces de elegir a nuestros jefes de estado, sino que han de estar por encima de las decisiones del pueblo (legitimadas mediante las constituciones, en el mejor de los casos, que supuestamente pueden modificarse).

Cuando aquellas modificaciones fueren ratificadas nos hallaríamos en un brete equivalente al que se tuvo desde la primavera de 1931. Y quizá, con igual desdicha, probaríamos cierta incapacidad para pactos, acuerdos, consensos… etc.

Desde luego, lo que resulta, ya para colmo, bochornoso es encontrar el apellido “urdangarín” en la lista de sucesión, pero yo tengo grandes esperanzas de que, si al final este llegase a ser un verdadero viable sucesor, acabaríamos por comprender que no es un mal menor, sino un vestigio arcaico donde en lugar de monarquía (el gobierno de “el mejor”) tenemos una tiranía.

La línea de sucesión al trono de España está dispuesta, tras la proclamación de Felipe VI, en el siguiente orden:12

Simple silver crown.svg Rey Juan Carlos I (n. 1938).

Simple gold crown.svg Rey Felipe VI (n. 1968).

(1) Leonor de Borbón y Ortiz, princesa de Asturias (n. 2005).
(2) Sofía de Borbón y Ortiz, infanta de España (n. 2007).
(3) Elena de Borbón y Grecia, infanta de España y duquesa de Lugo (n. 1963).

(4) Felipe Juan Froilán de Marichalar y Borbón, Grande de España (n. 1998).
(5) Victoria Federica de Marichalar y Borbón, Grande de España (n. 2000).
(6) Cristina de Borbón y Grecia, infanta de España (n. 1965).

(7) Juan Valentín Urdangarin y Borbón, Grande de España (n. 1999).
(8) Pablo Nicolás Sebastián Urdangarin y Borbón, Grande de España (n. 2000).
(9) Miguel Urdangarin y Borbón, Grande de España (n. 2002).
(10) Irene Urdangarin y Borbón, Grande de España (n. 2005).

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