Exposición de Kay Woo

Maravillosa la risa de Kay Woo hablando en la exposición colectiva de la que formaba parte en la Kate Contemporary Gallery, una galería que presume de ser la única filipina en Europa, con vocación internacional e internacionalista, «Punto de encuentro» era el título y el motivo de la muestra de artistas de distintas procedencias, mayoritariamente extremo-orientales, que se convoca con la intención de hacer un homenaje al mismo nombre y resultar así un punto de encuentro en Madrid de creadoras que quizá, aún, no se habían encontrado en la ciudad que las aloja.

El sábado por la mañana había una visita guiada y me acerqué a la expo para encontrarme tanto con Kay como con algunas de las personas que acuden a mis talleres de poesía y que, como personas interesadas por lo contemporáneo, quisieron y pudieron unirse a las explicaciones de Joaquim, director de la galería, como de Kay Woo, centrándose en su obra.

Fijándonos en el detalle de su obra, queda claro que su pintura figurativa tiene algo de metafísica, al puro estilo De Chirico, o incluso tintes surrealistas en la línea de Magritte.

No obstante, es fácil apreciar influencias muy posteriores de autores presuntamente hiperrealistas, o pseudofotográficos como Edward Hopper, a quien tanto me recordaban las imágenes de Kay incluyendo textos urbanos y señales de tráfico o cartelería.

Pero más allá de esas múltiples referencias, encuentro una calidez, por momentos infantil, en la obra de mi amiga, que se expresa formidablemente en la risa que capté en la fotografía que encabeza esta entrada en el diario. Y esa calidez me cautiva, me gusta muchísimo más que toda su obra, a pesar de que también esté en su obra.

Las cabezas esculpidas, las caras sutiles que no se ven en la imagen, siempre me parecen algo que quiero tener en casa o regalar… pero que escapa a mis posibilidades económicas.

Fue un bello comienzo de jornada de este sábado memorable.

Le tengo cariño a esta fotografía

Hace un par de años Carla Aurelia nos hizo algunas fotografías con una máquina Polaroid durante una cena del grupo de los miércoles a las 19:00 que durante un tiempo estuvo funcionando a pleno pulmón.

Yo enmarqué la que me regaló en la caja de las polaroids (me pareció un marco inmejorable) y la tuve sobre un soporte plegable que la mantenía a una altura de unos dos centímetros por encima del suelo (o la balda de estantería correspondiente) con una inclinación de menos de 20 grados con la vertical.

Hace unos meses que ese grupo es casi un fantasma de lo que fue, lo que suele ser habitual en algunos grupos y me conlleva a proponer fusiones para no tener horarios imposibles en los que incluir nuevas personas que se acercan a los talleres de poesía contemporánea que defiendo desde hace casi un cuarto de siglo.

Hay un par de miércoles en los que no ha venido nadie a clase, lo que siempre me deja algo triste, por muy previsible que sea, por habitual que sea. Son gajes de este oficio. Pero son gajes que desgajan mi corazoncito, que desgarran algo de mí, me duelen sus ausencias, me duele la inevitable deriva de la vida, de sus vidas, a pesar de que les desee lo mejor en sus nuevas aventuras.

En tantos años, he estado rodeado de personas a las que he tomado cariño, más o menos, dependiendo de diversos factores, pero este grupo era sumamente entrañable (con alguna que otra excepción) y sé que ya no tiene sentido tener su fotografía sobre una balda al lado de los libros que utilizo en los demás talleres, con los grupos de personas que siguen asistiendo y de quienes, también y sabiendo que algún día no estarán, me estoy encariñando.

Voy a guardarla y atesorarla como un recuerdo bellísimo de ese grupo, pero también de un periodo de mi vida que algún día también terminará y en el que me desgarraba, y me encariñaba cada dos por tres. Y seguía avanzando en esta bola más o menos achatada por los polos por una trayectoria mucho más compleja de lo que creemos.

Documentación de la acción Falta Civismo

Nota: Fotografía tomada por Javier de la Riva

Actualizada, por fin, la sección de la web dedicada a las «performances» o acciones poéticas que he venido realizando desde hace más de 2 décadas, desde que allá por el 2002 descubriese la importancia de ir añadiendo dimensiones a la poesía, hasta alcanzar la dimensión temporal (y encontrarme, años después con el camino que habían recorrido desde Ives Klein a Joan Brossa, entre otras maravillosas personas a quienes he tenido el placer de conocer).

En esta ocasión, añadí la que tuve el honor de realizar durante la II Bienal de Arte de Acción en Santader, comisariado por dos personas (Marta y Jana) que habían sido alumnas mías de talleres de Performance, hace ya casi 15 años. El tiempo pasa y el placer en el reencuentro fue enorme.

Realicé una acción titulada «Falta Civismo» cuya partitura ya había compartido en algún otro momento y que ahora también puede leerse en mi página web personal.

Contradicción. Un díptico.

¡Qué bellos recuerdos resumidos en un díptico con dos fotogramas del vídeo que grabó mi querida Aída B. Márquez con cámara en mano!

Estos 2 únicos fotogramas servirían para resumir la acción simplona (Contradicción) que en su día (hace 20 años) planteé dentro de un taller que coordinaba de Arte de Acción en Clave 53.

¿Altavoces para rock cristiano?

Ahora que está en auge el rock cristiano, las series o películas en las que el cristianismo hace proselitismo sin ambages, en las que el producto de mercadeo musical por antonomasia se declara creyente, encuentro cruces en lugares insospechados como en estos altavoces que perfectamente podríamos denominar altacruces.

Ya lejos quedó el proyecto en el que estuve buscando cruces en imágenes u objetos que encontraba a mi alcance, llegando a esa pieza que me encantaba, esa pequeña instalación en la que coloqué tres televisores de rayos catódicos debajo de un crucifijo junto una biblia y un misal.

Vacaciones

Comienzo las vacaciones de verano con esta fotografía mía de cuando tenía menos de un año.

Volveré a la carga laboral después de un mes, casi, de caminatas por el monte y visitas a amistades muy queridas.

Pero sobre todo lectura, mucha, mucha lectura.

Siempre en compañía de Carmen a quien quiero tanto que no puedo expresar con palabras y, sin embargo, no ceso en el intento.

El jazz me producía aversión

Este texto, extraído de un libro de Hermann Hesse (El lobo estepario) que descuarticé para realizar un bonito regalo, me estaba esperando ahora que estoy a punto de comenzar un temático de Taller de Poesía Contemporánea basada/inspirada en la historia del Jazz.

Me encanta rescatar papeles casi de la basura para hacer fotografías de proximidad, llamadas «macro», que muestran con detalle la materialidad de la tinta, del papel, a veces con capacidad de apreciarse es mismo tejido que soporta el tejido (texto).

Pequeños placeres visuales.

Esto no es una broma