La pérdida del imperdible

PROYECTO: 0019 – LA PÉRDIDA DEL IMPERDIBLE

Título: La pérdida del imperdible

Idea original
Giusseppe Domínguez

Guion
Alejandro Gallego
Giusseppe Domínguez

Fotografía
Tanja Ulbrich
Alejandro Gallego

Edición de fotografía y vídeo
Giusseppe Domínguez

Extracto de Cortometraje

Estructuralmente Inestable
Dirigido por Aída Márquez, 2005
Asociación Cultural Clave 53

BSO

Doomed Romance, 2016
Chris Martyn/Geoff Harvey
Purple Planet Music
Music: http://www.purple-planet.com

Modern Piano Epsilon – The Small
Album Mad Pianist, 2006
Title Kevin MacLeod (incompetech.com)
Licensed under Creative Commons: By Attribution 3.0
http://creativecommons.org/

Bensound Music licensed under a Creative Commons License:

Royalty Free Music from Bensound
www.bensound.com

Themes used (in order)

Cute
Sexy
The Lounge
Jazz Comedy
Ofelia’s Dream

Cabecera y Títulos de Crédito
Alejandro Gallego

Imágenes de Portada y Cierre
Tanja Ulbrich

Una Producción de

Laboratorio de Poesía Experimental
Asociación Cultural Clave 53

Restaurante Nice to meet you

El cumpleaños de Carmen tuve el placer de pasar con ella la mañana completa que, tras una visita al Centro de Arte Centro-Centro de Cibeles, culminó en un restaurante en el que habíamos reservado y al que acudía con bastantes reservas, asumiendo que iba a ser caro pero al mismo tiempo frío, impersonal y de escasa comida de baja calidad, tan sólo justificando su elevado precio en la elevada planta que ocupa en un edificio de un hotel de Madrid, sito en Gran Vía número 80.

Pero me equivoqué, la comida resultó ser deliciosa, el trato sumamente personal y agradable, el lugar cálido y bello, justificando de por sí ese precio de unos 40€/persona que pudo haber sido más, pero que mereció cada céntimo.

Comenzaron ofreciéndonos con suma amabilidad una mesa junto a la ventana de una preciosa pared curvada que desperdicia espacio de mesas en aras de la intimidad y la esquisitez o el buen gusto.

Nada más sentarnos, nos trajeron una cesta con escaso pan (el pan ya no es un alimento básico, parece ser) y un par de chupitos de crema de legumbres, rico y detallista.

La camarera que nos atendió casi en todo momento fue simpatiquísima, como si quisiera trabajar en ese trabajo, y nos hizo un par de fotografías para que no tuviésemos que hacernos selfies todo el rato.

Pedimos un entrante para compartir (Primer plato… Croquetas de cigala con salsa criolla francesa) que estaban deliciosas. La salsa era opcional y, desde mi punto de vista, ensordecía el aroma a mar de las cigalas encroquetadas. Tan sólo una la probé de este modo. El resto de la salsa, acabó cayendo bajo la absorción del pan de aceitunas que nos habían ofrecido.

Carmen optó por un plato principal de pescado (Merluza al horno con muselina verde sobre puré cremoso de Vitelotte y crujiente de cebolla en dos cocciones) mientras yo me decantaba más por carne (Solomillo de buey gallego asado al sarmiento con patatas revolconas, verduritas de temporada, espuma de foie y Oporto)

También tomamos postres (ahí subió un poco más el precio de lo que podría haber sido, pero tampoco injustificadamente) y acompañamos la comida con un vino muy rico tinto por copas, en lugar de una botella, pero esto fue exclusivamente debido a que a continuación teníamos que trabajar. El precio de la botella estaba dentro de lo razonable para un lugar semejante.

Lo que realmente acabó por resultar precioso más allá de nuestras espectativas fueron las vistas desde la terraza a la que nos instó a visitar la amable camarera. Es un lugar para repetir, a pesar del precio, de cuando en cuando. Resulta verdaderamente inolvidable, así que el precio de la comida cunde con generosidad.

Estoy haciendo backups imposibles

¿Cómo hacer un backup de algo que está sucediendo?
¿Cómo sincronizar el futuro con el pasado
para
en un futuro
sincronizar el pasado con el futuro?

Todo ello en el presente,
un presente que se eterniza en el futuro
desde un lejano pasado.

Los backups
(que también podríamos denominar copias de seguridad)
son un denodado esfuerzo
por adueñarse del tiempo
olvidando que la naturaleza del mismo
es fluir
es pasar
es ser olvido
desmemoria
pérdida
caída
fin.

La A de la iglesiA

El correo electrónico

Desde hace casi 30 años tengo correo electrónico.
Y desde entonces tengo obsesión por guardar copias del mismo, aunque claramente cada día es más absurdo guardarlo, teniendo en cuenta que la mayoría de las comunicaciones las realizo mediante otros medios de los que no almaceno los mensajes.

Pero así sigo.

Hoy he realizado una copia de seguridad debido a que tuve algunos problemas al renombrar una carpeta lo que me generó un pequeño, intrascendente, problema de incompatibilidad (era un nombre que la aplicación que actualmente utilizo para consultar mi correo electrónico utilizaba para una de las cuentas POP3 que gestiono).

Casi creí haber perdido los mensajes, pero al menos sabía que estaban en texto plano, así que no era tan grave como podía ser.

Volviendo a renombrar lo necesario y cambiando algunas cosillas internas de archivos “ocultos”, conseguí que volviese a funcionarme como deseaba. Ya de paso, aproveché para depurar las reglas de filtrado de mensajes, algunas de las cuales estaban desfasadas y se ejecutaban sin necesidad, reduciendo la eficacia de la recepción de mi correo.

Utilizo, actualmente, Mozzilla Thunderbird 45.7.0 sobre Linux Mint, después de que este programa absorbiera a mi querido Eudora.

Pero los tiempos cambian y el día de mañana, más que probable, el correo electrónico será un recuerdo, cosas de los viejos tiempos (valga la redundancia). Mientras tanto, seguiré haciendo copias de seguridad.

😉

Antiselfie

Variaciones sobre el abecedario

En esta era de ego potenciado por el aumento del autorretrato denominado como selfie (que incluye el “self”, egotista inglés) quise jugar a recortarme y eliminarme de fotografías en las que hubiera aparecido, aunque no hubiesen sido realizadas por mí mismo.

Fue sorprendente el proceso, pues me di cuenta (tarde, claro, como siempre) de que quitarme también incluye un “self” y no dejaba por tanto de ser un nuevo ejercicio egotista, pues el proyecto completo giraba sobre mí y yo, y yo mismo, el mismísimo yo yoyeante.

Durante el transcurso de la selección de fotografías, descarté aquellas en las que aparecía con alguien (especialmente aquellas en las que estaba retratado junto a mi querida Carmen de la Rosa) y fui percatándome de que no era tan sencillo determinar qué era yo, pues me surgían preguntas del tipo ¿es mi sombra algo que debo extraer de la fotografía? ¿ese objeto que traje conmigo debo sustraerlo? las gafas, el vestuario, ¿son también “yo”?

Fue, quizá no sorprendentemente, un proceso triste, como de desaparición paulatina, como de muerte procesual, acentuado por una mala racha de salud durante el periodo de inicios del 2017 en que fue realizado. Por fortuna, es algo sólo aparente.

El egoísmo del enfermo o la enfermedad del egoísta

No paro de hablar de mí
No paro de hablar de mi enfermedad
de mis males
de mis penas
de mis achaques.
No paro de hablar de mi egoísta forma de sentir el día a día
en la que soy el único importante
soy lo único importante
soy yo mi mí me
y conmigo.

No obstante estoy enfermo de hablar de mí
cansado de comenzar toda oración con un yo
harto de ser mi centro de atención y descentrarme
hablando con cualquier persona ajena a mí
pues, por supuesto si he de hablar, mejor lo hago conmigo
mismo
mismo
mismo.

¡Qué hastío!
spleen, casi diría.
Y así sigo.

Yo era un niño rarito

No me gustaban las peleas, aborrecía competir físicamente en aras de una demostración de algo que nunca tuve necesidad de reivindicar.

No quería ser el más valiente.
No quería ser el más fuerte.
No quería ser el más bruto.

Quería ser el más afable.
Quería ser el más inteligente.
Quería ser el más culto.

Era un niño rarito.

Cuando tuve 12 años aproximadamente
estaba en el Colegio San Andrés
de Colmenar Viejo
cursando lo que entonces se llamaba
EGB
Educación General Básica
y en el sexto curso
recuerdo juntarme con dos chavales
mayores
creo que uno de ellos cuyo nombre no recuerdo
estaba en octavo y además era un terrible repetidor.

Nos asentábamos en las rocas que hacían las veces
de trono
en la parte superior del montículo que
hacía las veces de patio
durante el tiempo denominado recreo.

Desde aquella improvisada atalaya
me dedicaba a ver dónde se producían alborotos
que eran indicios de que una pelea
siempre entre dos chicos
había dado comienzo.

Alrededor se arremolinaba un grupo de animadores
de ambos sexos
que voceaban dale, dale
o si aquello aún no había empezado
pelea
pelea.

Era el momento:
salíamos corriendo
hasta el centro de aquellos corrillos
y me interponía.
Siempre me interponía
y les solicitaba que se abrazasen.
Si ellos no querían hacerlo
(nunca querían)
les abrazaba yo.

Me sentía protegido por aquellos
dos chavales
bastante primitivos
que hacían las veces de mis guardaespaldas
improvisados.
No comprendo qué obtenían ellos a cambio
aunque quizá aspiraban a ser mirados
de otra manera a como lo eran habitualmente.

Pocas veces logré un puñetazo.
Las más de las veces
insultos de la enfervorecida masa
de agitadores
y la animadversión
de los contendientes
aunque creo que en su fuero interno
agradecían poder dejar de lado aquella lucha vana
que las más de las veces se saldaba con sangre
sudor y lágrimas
amén de alguna reprimenda si eran sorprendidos
por las autoridades competentes
en la forma de profesorado encargado de la vigilancia
de los recreos.

La parte de detrás del frontón era una zona poco visible
y lugar habitual de aquellos escarceos.
Hoy en día
con la mucho más evolucionada ESO
Enseñanza Secundaria Obligatoria
que hace hincapié en no ser básica y sí en ser obligatoria
yo habría estado en primero
como mucho
y quedaría demasiado tiempo para escapar de aquella jauría humana
como para empezar a desarrollar su inquina.

Era bastante rarito.

Relleno de jengibre

Ante todo mucha calma, que una gripe se va con tiempo.
Un poco de té verde con poca cafeína
y miel.
Agrégale limón, para la garganta.
No es suficiente, pero no te preocupes:
una infusión de jengibre es mano de santo
poco más o menos
y sigues igual.

(Desconfianza de los productos que no tienen
contraindicaciones
ni efectos secundarios)

¿Tomas jarabe para esa tos?
Pues hasta ahora no, pero igual va siendo hora.
Tomo jarabe.
Gasto un frasco de jarabe.
El primero sin médico mediante que compro en mi vida.

La tos no disminuye.
Quizá elegí mal el jarabe en cuestión.
¿Era espectorante o antiespectorante?
¡Y yo qué sé! ¿Acaso soy médico?

Lo mejor son los remedios caseros:
Más miel.
Propóleo, hombre, ¿cómo es que no te has tomado propóleo?
Tomo propóleo.
No, ahora es tarde, tenías que haberlo tomado antes
para prevenir.
Bueno, pues no tomo propóleo.
Unos caramelos de propóleo y miel no te harán mal.
Vale, pues tomo algunos.
Pero sigo igual.

La tos se está poniendo muy intensa
y las noches sin dormir se acumulan.

Internet:
Infalible, la cebolla al lado de la cama.
Falible. La cebolla no sirve para nada
salvo para aromatizar.
Será que no era la cebolla adecuada.

Por supuesto, ¿tendrás un humidificador?
Sí, tengo un humidificador que humidifica sin parar
la habitación en la que intento dormir
pero sigo haciéndolo mal por la pertinaz tos.

Pues échale al agua eucalipto.
Es más, haz hervir unas hojas de eucalipto en agua
por unos 10 minutos y luego aspira sus vapores.
Ya, de paso, humidifica, humidifica con vahos de eucalipto.
¿Y si la tos continúa?

Bueno, hombre, ¿seguro que el eucalipto era de herbolario?
Sí.
¿No sería transgénico?
No. Es más, era muy caro.
Ah. Pues prueba con infusiones.
¿Té con miel y limón?
¡Jengibre!

Ah… claro, jengibre. Probemos otra vez:
Jarabe casero de miel, limón y jengibre.
Desagradable, pero hecho.
Jengibre cortado en finas rodajas en una medida de agua
mezclada con otra medida de zumo de limón
y una medida de miel.
Esa noche y las siguientes también tosí.

¿Homeopatía?
¡Venga ya! ¿En serio?
Es que si no crees en tu recuperación…
Vaya, ahora se trata de creencias.
Afortunadamente, mi suegra le reza a la virgen María para mi próxima mejoría.

¿Has probado el tomillo?
A estas alturas ya pruebo lo que sea:
infusiones de tomillo, de salvia, de orégano, de espirulina, de batracios, de mengueles, de miguelitos en vinagre, de mierda de artista…
con miel
y a veces con limón.

Hay que hidratarse. Bebe líquidos.
Me bebo el atlántico diariamente.
Casi 6 litros de líquidos diarios
entre infusiones y agua.

Han pasado 3 semanas.
Primera visita médica:
Laringitis aguda de origen vírico con ramificaciones bronquiales y afectación a la tráquea.
Prescripción: 3 pastillas de corticoides
para bajar la irritación de la laringe.
Mejor procura estar en silencio
y tomará tiempo la recuperación.
¿Me haría mal tomar jengibre o infusiones con miel?
Toma lo que quieras (viene a decir que da más o menos lo mismo)

Pasa el tiempo. Una semana más. Siguiente visita médica.

Entre medias:
Tés, miel, limón, jengibre, ya estoy harto de jengibre, salvia, tomillo, eucalipto, propóleo, agua, mucha agua.

Pues nada, esto ha bajado poco, así que a otorrinolaringología.
(Me encanta esa enorme palabra de 20 letras)
Día siguiente:
Parece una laringitis aguda.
Vamos a explorar los conductos con un tubo de fibra óptica…
pero, mejor por ese otro lado que el derecho tiene tendencia a sangrar.
Dí i.
Oh. o o o o o
Vale. Parece que tienes parálisis de una cuerda vocal.
Así que silencio total. Aumentamos la ridícula dosis de corticoides. Vuelve en una semana.
Esperemos que no sea algo más grave: virus en nervios, por ejemplo.

Ya estoy harto de infusiones, pero sigo con ellas.
Me infusiono hasta el alma.
Silencio total.
Comunicación por señas.
Comunicación por escrito.
Comunicación por conversor de texto a audio.
Aburrimiento.

Cancelo las navidades.
Cancelo encuentros con amigas.
Cancelo clases particulares.
Cancelo trabajos pendientes.

Me recomiendan acupuntura.
Mira, ahora estoy en tratamientos con corticoides.
Pero ya no descarto nada.

¿Pero no tomas antibióticos?
Pues no. El médico dijo que era vírico y los virus no son vida.
¿O sí son vida? Debate. No importa. Los antibióticos no son para ellos.

La tos parece remitir.
¿Serán los corticoides? ¿Serán las infusiones?
¿Será el paso del tiempo? ¿qué será, será?

Vaya, no he tomado erísimo o alguna otra hierba que sí,
seguro,
esa seguro que me habría curado.
Ahora nunca podré saberlo.

4 noches seguidas durmiendo bien.
Ya no lo creía posible.
La afonía persiste
aunque parece que remite.

Escribo un texto en facebook diciendo
“Cuando recupere el habla voy a hacer un monólogo de 6 horas seguidas”.
Un centenar de consejos:
toma jengibre
toma miel
toma limón
toma erísimo
toma espirulina
haz vahos
no te pongas nervioso
sé positivo
cree
cree
cree
croa
croa
croa…

Hoy ha transcurrido semana desde la última visita médica.
La otorrinolaringóloga es atractiva y agradable.

Me calma saber que no me recomienda nada sin mirarme
sin preguntarme
sin intentar averiguar qué puede pasarme.
Escucharé sus recomendaciones que nunca asumo como órdenes.
Seguramente, solicitará más análisis.
¿Será que ella no cree saberlo todo?
¿Será que quiere estar segura o algo menos insegura?
¿Será que analiza e infiere y no cree?

En cualquier caso
los humanos nos preocupamos por otros humanos
con nuestras mejores intenciones
y es de agradecer
siempre que no me culpabilicen
por no seguir todos sus consejos.

Una temporada en el infierno

No sé cómo pudo escribir Rimbaud un libro con semejante título sin haber superado los 50 años en vida.

Estoy pasando unos de los peores periodos de mi vida. No sólo por mí, sino también por Carmen, que está también afectada, en su caso, por una insólita situación que le impide mantener los ojos abiertos cómodamente, forzándola a aplicar una tensión elevada que acaba por producirle dolores de cabeza. Llevo más de 25 días enfermo. No es terminal, pero es altamente molesto. Siento la vulnerabilidad de nuestra forma de vida, la fragilidad de la misma, el fin se acerca. Ya hemos pasado “la mitad”… que ironizaría mi admirado Jaime Vallaure.

Me veo obligado a emitir un “comunicado” a mis alumnos, tanto de clases particulares como de los talleres de poesía contándoles en resumen mi situación y apelando a su comprensión y su paciencia, con la que sé que cuento:

A finales de diciembre, tuve una gripe que se convirtió en laringitis aguda que me acabó por paralizar una cuerda vocal.
Ahora estoy afónico, aunque parece que en periodo de recuperación.
Me veo obligado a cancelar la clase de esta semana esperando estar bien para la próxima.
La alternativa es realizar la clase en tono bajo o casi en silencio.
Lamento el inconveniente que os pueda ocasionar.

Los Talleres de Poesía y Escritura Creativa de Clave 53 no se cancelarán, por supuesto, pero tendré una energía poco motivadora, además de suspender, eventualmente, el próximo encuentro de Lectura de Poesía en el local.

El 2017 ha comenzado en silencio, un silencio cruel, doloroso, como de cumbre de introvertidos en un cementerio de mudos.

Añoro las conversaciones fluidas con Carmen, el repaso vital compartido, nuestro amable chequeo de situación, nuestras pieles, nuestros besos…

Sé que es una mala racha… o quiero creerlo. Sé que no es el infierno, pero se asemeja. Sé que no es para tanto… aunque hay cosas que no cuento en público y que sí que lo han sido. Hay miedo. Mucho miedo.

Mientras tanto, el miércoles que viene vuelvo a la otorrinolaringóloga (enorme palabra) para hacer un seguimiento de mi estado de salud y ver si resulta procedente un tratamiento más agresivo para recuperar la movilidad de la cuerda vocal o si va a ir remitiendo con un largo periodo de reposo y ejercicios vocales, o bucales.

Mientras tanto, este blog permanecerá desatendido porque no sé si quiero ni siquiera conectarme a Internet.
Mientras tanto, mi sonrisa continuará en paradero desconocido.

¿La salud es lo más importante?

Sigo sosteniendo que no, que sin el amor la salud no importa.

He sentido luz cuando las personas que me quieren me han mostrado su afecto. He sentido ganas de vivir porque amo la vida y lo que contiene. He sentido… amor, amar, amar amor. He sentido sentir. Y eso me ha dado esperanza. Sin esa esperanza, la salud no habría importado. El final habría podido ser mucho más rápido, contundente, plaf, se acabó.

Página siguiente »