Tatuaje

Me haría un tatuaje
que dejara una historia
que no tuviese que contar.

Me haría un tatuaje
de la letra A
emblema brossiano de todo poema.

Me haría un tatuaje
que llevara su nombre
si su nombre fuese único,
quizá, incluso, su NIF.

Me haría un tatuaje
con el código qr de mi página web
o el código de barras de mi primer libro.

Me haría un tatuaje
con una imagen que no valga más
que mil palabras.

Me haría un tatuaje
con círculos concéntricos
que fuese creciendo año tras año
hasta llegar a ser secuoya.

Me haría un tatuaje
que contuviese todos los tatuajes
hechos por todos los seres humanos
en el planeta Tierra.

Me haría un tatuaje
tetradimensional
que cambiase con el tiempo
y fuese haciéndose sereno y maduro
como yo.

Me haría un tatuaje
que no fuese simbólico
sino tan real como la vida misma,
un tatuaje lunar, por ejemplo.

Me haría un tatuaje
que no se llamase «tattoo»
que iluminase la oscuridad
de mis pensamientos.

Me haría un tatuaje
de piedra sobre piedra
en una carne macerada.

Me haría un tatuaje
de consonantes impronunciables aleatorias
que hiciesen creer
que son un código por descifrar,
un tatuaje estilo Matrix
en verde sobre negro.

Me haría un tatuaje
que fuese un garabato bermellón
que continuase en la piel
de todas las personas.

Me haría un tatuaje
con el genoma humano
o mi ADN secuenciado
por si han de reconstruirme.

Me haría un tatuaje
de teclas de piano
que produjesen la novena sinfonía de Beethoven.

Me haría un tatuaje
que sirviese para encender cigarrillos
que no contuviesen nicotina
ni alquitrán.

Me haría un tatuaje
del que pudiera beber
mis propias lágrimas
cuando se agotasen.

Me haría un tatuaje
del fondo de microondas
del origen del universo
de la curvatura del tiempo
del color de un agujero negro
de la forma de la materia oscura
de un fotón lento.

Me haría un tatuaje
con sangre de mi sangre
con sangre de tu sangre
con sangre sin mi sangre
con sangre sin tu sangre
con sangre simultánea.

Me haría un tatuaje
aislante térmico
aislante acústico
aislante estúltico.

Me haría un tatuaje
de un tatuaje que reflejase
un tatuaje que reflejase
un tatuaje
que reflejase
un tatuaje que me haría
o no me haría.

Papeles recuperados

He recuperado unos papeles que llegan como protección interior de los envíos de libros que recibo. Me gustan mucho como papel de envolver, pero también como soporte de escritura. Aún no tengo claro en qué o dónde los usaré, pero sí que lo haré.

Ahora toca esperar al siguiente envío para seguir recibiendo estos papeles que, supongo, la mayoría de la gente tirará inmediatamente. Convirtiéndose el subproducto, la basura, en el soporte de nuevas piezas, nuevos productos, que requieran, para su conservación, ser envueltos en otros papeles que serán basura para otras personas. Es un camino infinito, este del despilfarro, que no puedo atajar de ningún modo.

El planchado lo hago manualmente, sin ningún tipo de herramienta, y el almacenaje exige algo de imaginación, porque acaban ocupando bastante sitio y preferiría no plegarlos para que no acaben por tener arrugas por muy planificadas que estas puedan parecer.

Es una actividad casi meditativa, que me tiene ocupado casi durante media hora no haciendo otra cosa que desarrugar burruños y aplanar pliegos sobre una superficie que los contenga.

El lunes, incluso, estuve ocupado fotografiando parte del proceso y documentando esta actividad como si fuese digna de tal cosa. No soy propiamente un espigador, pues tan solo me encargo de reutilizar mi propia basura, en un mundo que cada día comprendo menos.

El gozo estético

Carmen me regaló por mi 59 cumpleaños que cumplo hoy mismo unas entradas para un concierto de Jazz en el «reubicado» café Central, ahora denominado «Ateneo Central«.

Fue muy emocionante escuchar el mítico Victor Jones Trio en directo, en unas sillas casi en el escenario, desde donde se podía apreciar el manejo divertido de las baquetas del increíble baterista Victor Jones.

Yo lloraba de emoción ante tanta belleza. Belleza analógica, cálida, sin intervención alguna de instrumentos electrónicos, ni siquiera para las partituras en esta época cada día más dependiente de la electricidad.

Un momento álgido fue cuando invitaron a unirse a tocar un tema de John Coltrane al camarero que hasta ese momento nos había atendido y que se lanzó con saxofón en mano a interpretar el delicioso tema con una compañía increíble. ¡Qué sensación! (Lo que llamarían ahora mismo experiencia).

Fue una tarde maravillosa que culminamos cenando en un restaurante vegetariano llamado Artemisa recordando los preciosos momentos que habíamos, otra vez, compartido.

Queríamos olvidar el mal inicio de la tarde en el que Carmen se había pisado sus propios pantalones produciéndose una aparatosa caída que le ha dejado una rodilla muy magullada e hinchada. Ojalá que recordemos pasados unos meses tan solo esa emoción por el gozo estético y hayamos olvidado esa lesión, el susto y la sensación de indefensión profesional que siempre tenemos ante algo así.

Le tengo cariño a esta fotografía

Hace un par de años Carla Aurelia nos hizo algunas fotografías con una máquina Polaroid durante una cena del grupo de los miércoles a las 19:00 que durante un tiempo estuvo funcionando a pleno pulmón.

Yo enmarqué la que me regaló en la caja de las polaroids (me pareció un marco inmejorable) y la tuve sobre un soporte plegable que la mantenía a una altura de unos dos centímetros por encima del suelo (o la balda de estantería correspondiente) con una inclinación de menos de 20 grados con la vertical.

Hace unos meses que ese grupo es casi un fantasma de lo que fue, lo que suele ser habitual en algunos grupos y me conlleva a proponer fusiones para no tener horarios imposibles en los que incluir nuevas personas que se acercan a los talleres de poesía contemporánea que defiendo desde hace casi un cuarto de siglo.

Hay un par de miércoles en los que no ha venido nadie a clase, lo que siempre me deja algo triste, por muy previsible que sea, por habitual que sea. Son gajes de este oficio. Pero son gajes que desgajan mi corazoncito, que desgarran algo de mí, me duelen sus ausencias, me duele la inevitable deriva de la vida, de sus vidas, a pesar de que les desee lo mejor en sus nuevas aventuras.

En tantos años, he estado rodeado de personas a las que he tomado cariño, más o menos, dependiendo de diversos factores, pero este grupo era sumamente entrañable (con alguna que otra excepción) y sé que ya no tiene sentido tener su fotografía sobre una balda al lado de los libros que utilizo en los demás talleres, con los grupos de personas que siguen asistiendo y de quienes, también y sabiendo que algún día no estarán, me estoy encariñando.

Voy a guardarla y atesorarla como un recuerdo bellísimo de ese grupo, pero también de un periodo de mi vida que algún día también terminará y en el que me desgarraba, y me encariñaba cada dos por tres. Y seguía avanzando en esta bola más o menos achatada por los polos por una trayectoria mucho más compleja de lo que creemos.

Cuaderno Vano

Frases manuscritas insustanciales escritas a lápiz sobre papel de una publicación de «El lobo estepario» de Hermann Hesse editado en México, a modo de palimpsesto o escritura entre líneas, realizado en Madrid en los primeros meses de 2025.

Datos de la pieza
Descripción: Libro Objeto en caja reciclada.
Título: Cuaderno Vano (2025)
Autor: Giusseppe Domínguez (www.giusseppe.net)
Técnica: Escritura manuscrita a lápiz sobre fragmentos de páginas recortadas de un ejemplar de libro de Hermann Hesse. Caja reciclada intervenida con dos páginas del mencionado libro y sellos modificados.
Formato: 17 x 12 x 6 cm

Otra forma de no decir, diciendo.

Proyecto comenzado el 14 de febrero de 2025, en ausencia de agua corriente en mi domicilio.
La propuesta consistió en escribir una serie de frases manuscritas insustanciales (o no tanto, después de todo) a lápiz sobre papel de una publicación de «El lobo estepario» de Hermann Hesse editado en México, a modo de palimpsesto o escritura entre líneas.

Reivindicación de lo intrascendente como acción trascendental, resistencia pasiva contra el aceramiento social.
Otra forma de no decir, diciendo.

Reflexión de 21 de febrero:

Escribiendo un libro de intrascendencias entre las líneas de un libro hoy intrascendente. Intrascendencia por intrascendencia, ¿dará como resultado inmanencia o simple y vana vanidad o nadería?

De momento, da como resultado un libro titulado «Cuaderno Vano» de palimpsestos textuales en los que la intrascendencia se impone como motivo principal de la creación. Crear la nadería, la simpleza, por el mero hecho de crear, de escribir, de seguir siendo, aunque en silencio o apartado de la mirada pública, en papel para la basura, con lapicero perecedero, con sentencias sencillas…

Dejarse ir.

Estrenando gafitas

Por fin me decanté por unas gafas nuevas para graduación intermedia, lo que quiere decir ordenador y vida dentro de mi estudio. Durante mucho tiempo he estado usando (sin graduarme específicamente para ello), unas gafas que habían quedado cortas de dioptrías hace años.

Va a ser sencillo seguramente adaptarme, aunque parte de la adaptación ha consistido sencilla y llanamente en alejar la pantalla un poquito para ver mejor la letra. No es mala cosa, pues tener demasiado cerca la pantalla no es una práctica muy saludable y se pierde mirada colectiva de la misma (llegué incluso a barajar, para evitar esto último, adquirir una pantalla curvada que acercase las esquinas a mis ojos).

Al final, esta ha sido la mejor solución, creo, pues veo con una nitidez mayor y, espero, me acostumbraré en poco tiempo.

Sin embargo, también adquirí unas gafas graduadas en unas 4 dioptrías para la mirada de lejos, pero eso me va a costar mucho más, pues apenas ha cambiado nada desde las últimas que tenía y que a fecha de hoy sigo usando.

Tan solo echaba de menos una graduación más ajustada a mi situación actual cuando conduzco, pero es algo que hago tan solo un par de veces al año… y es posible que la escasa visión al conducir se deba más al hecho de la falta de costumbre que a la potencia óptica.

Lo que he descartado por unos años, de este modo, es proceder a una operación que elimine la necesidad de usar aparatos en los ojos extraocularmente, pero es que no acababa de verlo claro (y no es un chiste fácil).

Poemas en la basura

Poemas en la basura

He actualizado la página de poesía objetual de mi web, incluyendo uno de los poemas más interesantes que creo haber escrito en lo que va de año 2026. Sé que a poca gente le interesará, pero a mí me fascina la radicalidad de la experiencia: Poemas en la basura sobre el que ya anticipé algo en este diario titulándolo «antisistema«:

Escribir
en un papel
que voy a tirar
a la basura
es la mayor aspiración
de una poesía
liberada de cualquier intento
de comercialización.

Nota: Este papel fue recibido en un pedido de Amazon hace más de 5 años (para salvaguardar el contenido de golpes desde su origen, posiblemente lejano) y ahora quiero pensar que recuperarlo para una acción poética me libera, me limpia, me hace sentir libre de pecado. «Greenwashing» de manual.

Acción relacionada con El acto de escribir, no la palabra, o poema visual banal o poema tonto, o acto absurdo, algo dadá, que dice ser antisistema, pero que en realidad es fruto de la frustración y silencio. Es más bien un ejercicio de meditación activa o una nadería.

La idea comienza a materializarse el 12 de febrero de 2026. Procedí a escribir todo el texto que cupiese en varios rollos de papel a lo largo de 4 horas seguidas el viernes 13 de febrero de 2026. Pero tengo la sensación de que este proyecto no ha hecho nada más que empezar.


Algunos de los textos que escribí sobre esta «basura» que no tiene mayor importancia son:

Atribuir a un acto banal
una importancia capital
es no tener cabeza
etimológica.

El acto de escribir
no la palabra
es una performance
o un conjunto
de ellas
que vengo
desarrollando
desde hace años
como estudio sistemático
de experimentación
en la acción
poética
de escribir sin
otra finalidad
que rescatar
su verbosidad.

Un mar de palabras asesinas
al acecho de mi cansado corazón
enaltecido
por una revolución inexistente
se adueña de la marea de mi vida
y me eleva por debajo de las nubes
hasta alcanzar
nirvanas estresados.

PRETENSIÓN
Alzo mi voz contra la
PRETENSIÓN
de alta tensión
baja atención.

Bakunin
no va a morir
porque
ya está
muerto.
Se ha ahogado
en un frasco
de colonia
que venden
a buen precio
en PRIMOR.

Hay claves secretas.


Maquetando Vida Mínima de Luis Naranjo

Este trimestre estoy editando tanto que casi no he tenido atención o tiempo para poder publicar, de cuando en cuando, estas entradas en este diario al que dedicar al menos 15 minutos diarios (diariamente 15 minutos diarios en el diario).

En esta ocasión, publico la cubierta del libro que he editado para Luis Naranjo, que ya viene siendo un cliente habitual y buen amigo, a pesar de que la temática de su poesía no me interesa mucho, pero le reconozco validez formal y cuidado estético por lo que hace, amen de una calidad humana notable, un trato sencillo y un sobresaliente respeto a mi trabajo.

Es un gusto, en resumidas cuentas, trabajar para alguien como él.

Su libro, ya en imprenta, se titula «Vida Mínima» y tiene un bello color cian puro sobre el que situar un fragmento de una fotografía de un cuadro de Zurbarán de temática religiosa, muy acorde con el interior del libro, y una tipografía serif de color blanco para dotar de luminosidad el conjunto.

Desde hace un par de años, uso un pequeño adorno con rectángulos de los cuatro colores CMYK sobre la contraportada, acompañando tanto el logo de Clave 53 como el de Giusseppe.net. En esta ocasión, el rectángulo de la C (CIAN) hube de perimetrarlo con un trazo blanco para que se viese, pues se habría diluido sobre el fondo azulado.

Tanto el color de Edita Clave 53, como las letras del logo de Giusseppe.net, y el 53 del logo de Clave 53, van cambiando en función del fondo de los libros que edito, de modo que llevan un color definido en Scribus como «EditaClave53» que puede tomar el color que yo quiera.

Sinceramente, creo que voy mejorando en mi calidad de editor. Estos dos últimos años han sido un reto de crecimiento en cantidad y calidad muy sustancial, y no ha salido mal, cabe decir, modestia aparte.

Mi reino por una toalla

He vendido mi alma (en este caso unos datos al rellenar una encuesta absurda) por un regalo que resulta ser una de esas toallas hiperabsorbentes que no sé si utilizaré. Ocupa una cantidad de espacio ridículamente baja para lo que presuntamente hace.

Esta mañana (escribo esto el martes pasado), me llegó una propuesta que decía que si rellenaba un pequeño formulario, que me llevaría unos 10 minutos cumplimentar, me darían este «regalo», con la condición, además, de ser una de las primeras 300 personas en hacerlo.

Me había despertado pronto y el mensaje parecía recibido hacía no más de 20 minutos, así que vi plausible que aún no lo hubieran intentado ese cupo de población ávido por obtener más objetos innecesarios. Además, el martes es el día que suelo ir a la piscina a hacer algo de ejercicio, aunque no tenga muy claro que me esté sirviendo de mucho más allá de tranquilizar mi conciencia y permitir que a la salida me otorgue un desayuno opíparo y grasiento.

El formulario comenzaba preguntando el género y permitía la opción de decir «prefiero no decirlo» que suele ser la que yo elijo. Pero al finalizar el mismo pedían el nombre completo y una dirección de correo electrónico. Entonces comprendí que había vendido mi alma (en este caso unos datos) por obtener una recompensa de dudoso interés.

Yo seguramente seguiré prefiriendo mi toalla de lunares verde y grande, acolchadita, sobre la que sentarme a cambiarme de ropa en el vestuario. Me perturba tener que tener tanta equipación específica para cada una de las tareas que se realizan: ropa de piscina, ropa de gimnasio, ropa de montaña, ropa de ciudad, ropa de entierros, ropa de bodas, ropa de cenas, ropa de desayuno, ropa de andar por casa, ropa de presentaciones, ropa de poeta, ropa de acostarse, ropa de performance, ropa de pintura… y así voy reduciendo mis personalidades a ropa de mí mismo y poco más.

Prólogo de La luminosa desnudez

Hacía tiempo que no escribía un prólogo y menos aún por petición, puesto que siendo el editor de la mayoría de los libros que «creo», me encuentro en la tesitura de no querer tomar dos roles diferentes: editor y prologuista, pero la verdad es que ha sido sencillo y Arturo no me lo ha puesto nada complicado. Un gusto trabajar así, la verdad.


El poema y el poeta

«Vivir es una victoria que no se piensa, se propone».
Arturo Córdova Just

 

Conocí a Arturo Córdova Just el 6 de marzo de 2026 por intermediación de la poeta Anita Ges a quien tanto le debo. Nos encontramos en uno de esos escasos bares tradicionales de Madrid que perviven en esta ciudad cada día más impersonal. Ella me había comentado que Arturo era un gran tipo y que me caería bien, así que organizó el encuentro para comer juntos ese viernes.

Durante el almuerzo se habló de literatura, de poesía, de lecturas, de comida, de viajes, de amistad y, sobre todo, de amor: amor por la palabra escrita, pero también amor por las personas queridas, quizá por la tonta casualidad de que ese día se cumplían los 26 años y seis meses desde que yo le declares mi amor a mi actual pareja. Arturo y yo reivindicamos el amor. Él también se declaraba fervientemente enamorado. Enamorado de la vida, de su amor, de la poesía, de la creación, del amor en una palabra.

Tras esa revelación (nuestra comunión en el amor), quiso acercarse a conocer el estudio donde está situada la sede de la Asociación Cultural Clave 53 y le gustaron nuestras ediciones. Así que acordamos ponernos a trabajar en una posible edición de un poemario suyo. Menos de un mes más tarde, el 3 de abril, a su regreso a México, estábamos confabulando la publicación de su largo poema «La luminosa desnudez» en España.

Él lo definía como un largo e intenso poema y, sin duda, lo es. La intensidad es característica omnipresente en toda la obra, intenso manifiesto de qué es la poesía y qué es ser poeta. Este poeta intenso en su inmenso poema. Córdova Just nos habla de amor, del proceso creativo, la inspiración («montoncito de monedas al pie de una encrucijada»), de la música, melodía de sus whitmanianos versos, de la vida, de su vida: la vida de poeta.

Entre un yo evasivo, un somos incluyente y una tercera persona que reduce la presencia del ego, Arturo desvela quién es él, ese yo que escribe: «soy germinal, soy multiforme, soy el único capaz de no extinguirse nunca». Sus palabras nos dan cuenta de la eternidad que cabe en cada segundo de los millones de existencias que desgrana, que personifica un «él» que es él: El poeta Arturo Córdova Just. Consciente consiente en ser un ser que siente, siempre, ser poeta originado por su poema.

A medida que avanzamos en la lectura del texto, vamos comprendiendo que estamos en mitad de un ritual de encantamiento, un llamamiento al universo a ser verso, ser el verso caliente de sangre encarnada capaz de reinventar a Dios, un Dios lírico humanamente esculpido, pues entre lo sacro y lo humano, lo nunca demasiado humano, se mueve el verbo de este poeta creador de mareas.

Por concluir con una pequeña reflexión sobre la elección estética de esta publicación, añadir que tal es la longitud de los versículos de Córdova Just que optamos por una disposición horizontal, casi a modo de partitura que se presentase como letanía arsenal de beligerancia contra lo manso literal, un libro de casi medio metro de amplitud, que refiera a esa distancia oceánica que se diluyó en letras en el momento en el que Arturo y yo comenzamos a vibrar en la misma sintonía aquella tarde de primavera del 6 de marzo de 2026.


 

Esto no es una broma