Papeles recuperados

He recuperado unos papeles que llegan como protección interior de los envíos de libros que recibo. Me gustan mucho como papel de envolver, pero también como soporte de escritura. Aún no tengo claro en qué o dónde los usaré, pero sí que lo haré.

Ahora toca esperar al siguiente envío para seguir recibiendo estos papeles que, supongo, la mayoría de la gente tirará inmediatamente. Convirtiéndose el subproducto, la basura, en el soporte de nuevas piezas, nuevos productos, que requieran, para su conservación, ser envueltos en otros papeles que serán basura para otras personas. Es un camino infinito, este del despilfarro, que no puedo atajar de ningún modo.

El planchado lo hago manualmente, sin ningún tipo de herramienta, y el almacenaje exige algo de imaginación, porque acaban ocupando bastante sitio y preferiría no plegarlos para que no acaben por tener arrugas por muy planificadas que estas puedan parecer.

Es una actividad casi meditativa, que me tiene ocupado casi durante media hora no haciendo otra cosa que desarrugar burruños y aplanar pliegos sobre una superficie que los contenga.

El lunes, incluso, estuve ocupado fotografiando parte del proceso y documentando esta actividad como si fuese digna de tal cosa. No soy propiamente un espigador, pues tan solo me encargo de reutilizar mi propia basura, en un mundo que cada día comprendo menos.

El gozo estético

Carmen me regaló por mi 59 cumpleaños que cumplo hoy mismo unas entradas para un concierto de Jazz en el «reubicado» café Central, ahora denominado «Ateneo Central«.

Fue muy emocionante escuchar el mítico Victor Jones Trio en directo, en unas sillas casi en el escenario, desde donde se podía apreciar el manejo divertido de las baquetas del increíble baterista Victor Jones.

Yo lloraba de emoción ante tanta belleza. Belleza analógica, cálida, sin intervención alguna de instrumentos electrónicos, ni siquiera para las partituras en esta época cada día más dependiente de la electricidad.

Un momento álgido fue cuando invitaron a unirse a tocar un tema de John Coltrane al camarero que hasta ese momento nos había atendido y que se lanzó con saxofón en mano a interpretar el delicioso tema con una compañía increíble. ¡Qué sensación! (Lo que llamarían ahora mismo experiencia).

Fue una tarde maravillosa que culminamos cenando en un restaurante vegetariano llamado Artemisa recordando los preciosos momentos que habíamos, otra vez, compartido.

Queríamos olvidar el mal inicio de la tarde en el que Carmen se había pisado sus propios pantalones produciéndose una aparatosa caída que le ha dejado una rodilla muy magullada e hinchada. Ojalá que recordemos pasados unos meses tan solo esa emoción por el gozo estético y hayamos olvidado esa lesión, el susto y la sensación de indefensión profesional que siempre tenemos ante algo así.

Le tengo cariño a esta fotografía

Hace un par de años Carla Aurelia nos hizo algunas fotografías con una máquina Polaroid durante una cena del grupo de los miércoles a las 19:00 que durante un tiempo estuvo funcionando a pleno pulmón.

Yo enmarqué la que me regaló en la caja de las polaroids (me pareció un marco inmejorable) y la tuve sobre un soporte plegable que la mantenía a una altura de unos dos centímetros por encima del suelo (o la balda de estantería correspondiente) con una inclinación de menos de 20 grados con la vertical.

Hace unos meses que ese grupo es casi un fantasma de lo que fue, lo que suele ser habitual en algunos grupos y me conlleva a proponer fusiones para no tener horarios imposibles en los que incluir nuevas personas que se acercan a los talleres de poesía contemporánea que defiendo desde hace casi un cuarto de siglo.

Hay un par de miércoles en los que no ha venido nadie a clase, lo que siempre me deja algo triste, por muy previsible que sea, por habitual que sea. Son gajes de este oficio. Pero son gajes que desgajan mi corazoncito, que desgarran algo de mí, me duelen sus ausencias, me duele la inevitable deriva de la vida, de sus vidas, a pesar de que les desee lo mejor en sus nuevas aventuras.

En tantos años, he estado rodeado de personas a las que he tomado cariño, más o menos, dependiendo de diversos factores, pero este grupo era sumamente entrañable (con alguna que otra excepción) y sé que ya no tiene sentido tener su fotografía sobre una balda al lado de los libros que utilizo en los demás talleres, con los grupos de personas que siguen asistiendo y de quienes, también y sabiendo que algún día no estarán, me estoy encariñando.

Voy a guardarla y atesorarla como un recuerdo bellísimo de ese grupo, pero también de un periodo de mi vida que algún día también terminará y en el que me desgarraba, y me encariñaba cada dos por tres. Y seguía avanzando en esta bola más o menos achatada por los polos por una trayectoria mucho más compleja de lo que creemos.

Estrenando gafitas

Por fin me decanté por unas gafas nuevas para graduación intermedia, lo que quiere decir ordenador y vida dentro de mi estudio. Durante mucho tiempo he estado usando (sin graduarme específicamente para ello), unas gafas que habían quedado cortas de dioptrías hace años.

Va a ser sencillo seguramente adaptarme, aunque parte de la adaptación ha consistido sencilla y llanamente en alejar la pantalla un poquito para ver mejor la letra. No es mala cosa, pues tener demasiado cerca la pantalla no es una práctica muy saludable y se pierde mirada colectiva de la misma (llegué incluso a barajar, para evitar esto último, adquirir una pantalla curvada que acercase las esquinas a mis ojos).

Al final, esta ha sido la mejor solución, creo, pues veo con una nitidez mayor y, espero, me acostumbraré en poco tiempo.

Sin embargo, también adquirí unas gafas graduadas en unas 4 dioptrías para la mirada de lejos, pero eso me va a costar mucho más, pues apenas ha cambiado nada desde las últimas que tenía y que a fecha de hoy sigo usando.

Tan solo echaba de menos una graduación más ajustada a mi situación actual cuando conduzco, pero es algo que hago tan solo un par de veces al año… y es posible que la escasa visión al conducir se deba más al hecho de la falta de costumbre que a la potencia óptica.

Lo que he descartado por unos años, de este modo, es proceder a una operación que elimine la necesidad de usar aparatos en los ojos extraocularmente, pero es que no acababa de verlo claro (y no es un chiste fácil).

Poemas en la basura

Poemas en la basura

He actualizado la página de poesía objetual de mi web, incluyendo uno de los poemas más interesantes que creo haber escrito en lo que va de año 2026. Sé que a poca gente le interesará, pero a mí me fascina la radicalidad de la experiencia: Poemas en la basura sobre el que ya anticipé algo en este diario titulándolo «antisistema«:

Escribir
en un papel
que voy a tirar
a la basura
es la mayor aspiración
de una poesía
liberada de cualquier intento
de comercialización.

Nota: Este papel fue recibido en un pedido de Amazon hace más de 5 años (para salvaguardar el contenido de golpes desde su origen, posiblemente lejano) y ahora quiero pensar que recuperarlo para una acción poética me libera, me limpia, me hace sentir libre de pecado. «Greenwashing» de manual.

Acción relacionada con El acto de escribir, no la palabra, o poema visual banal o poema tonto, o acto absurdo, algo dadá, que dice ser antisistema, pero que en realidad es fruto de la frustración y silencio. Es más bien un ejercicio de meditación activa o una nadería.

La idea comienza a materializarse el 12 de febrero de 2026. Procedí a escribir todo el texto que cupiese en varios rollos de papel a lo largo de 4 horas seguidas el viernes 13 de febrero de 2026. Pero tengo la sensación de que este proyecto no ha hecho nada más que empezar.


Algunos de los textos que escribí sobre esta «basura» que no tiene mayor importancia son:

Atribuir a un acto banal
una importancia capital
es no tener cabeza
etimológica.

El acto de escribir
no la palabra
es una performance
o un conjunto
de ellas
que vengo
desarrollando
desde hace años
como estudio sistemático
de experimentación
en la acción
poética
de escribir sin
otra finalidad
que rescatar
su verbosidad.

Un mar de palabras asesinas
al acecho de mi cansado corazón
enaltecido
por una revolución inexistente
se adueña de la marea de mi vida
y me eleva por debajo de las nubes
hasta alcanzar
nirvanas estresados.

PRETENSIÓN
Alzo mi voz contra la
PRETENSIÓN
de alta tensión
baja atención.

Bakunin
no va a morir
porque
ya está
muerto.
Se ha ahogado
en un frasco
de colonia
que venden
a buen precio
en PRIMOR.

Hay claves secretas.


Las restricciones al tráfico

«Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones al Tráfico»

Hay restricciones a multitud de cosas, lo que no parece ser un problema cuando se anuncia por todas partes las campañas de antiocupación como si fuese lo más grave y frecuente que ocurre en el mundo. La propiedad privada es tan sagrada que a nadie le parece razonable escribir «Trabaja desde una casa a pesar de… que no sea de tu propiedad».

Pero la restricción del tráfico, es decir, el respeto por la calidad del aire, no se promociona más que de manera negativa: mediante prohibiciones, así no el caso de la casa que te dicen que adquieras y cierres. Pero eso no supone aparentemente ninguna restricción.

Hay algo en el mensaje de esta furgoneta que me molesta mucho, pero no acabo de aclarar mi discurso y parece que estoy haciendo apología de la ocupación. No es esa la cuestión, sino saber reconocer que hay restricciones en multitud de otros asuntos y no se hace publicidad de servicios para evitar o a pesar de las mismas restricciones.

Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones en la ocupación de la vivienda.
Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones en el uso indiscriminado del suelo.
Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones en el ruido.
Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones en el decoro.
Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones en la libertad de expresión.
Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones en …

Aprendiendo, siempre aprendiendo…

Siempre es complicado hacer cosas que no suelo hacer. Toca aprender de nuevo, como si no supiera.

Ayer estuve probando diferentes métodos de mezclas de colores de capas y objetos, tanto en Inkscape como en Krita. El mundo Linux es amable en cuanto a documentación disponible, pero exasperante por poca intuitividad de las aplicaciones. No me quejo, pues la filosofía subyacente es: si crees que eres capaz de hacerlo mejor, hazlo. Y, en mi caso, no lo soy.

Por no sé muy bien qué razón, han eliminado de Inkscape en las últimas versiones la posibilidad de gestionar directamente los modos de mezcla desde el menú de capas y lo han desplazado al de relleno (que tradicionalmente está asociado a un objeto, y no a toda una capa que contiene o puede contener varios objetos). No me parece una buena idea, pero supongo que a alguien sí se lo ha parecido.

Por fortuna (o todo lo contrario) no utilizo Inkscape para la maquetación por su falta de soporte para CMYK, a pesar de que parezca lo contrario. Así que me preocuparía de saber hacerlo en Scribus, pero realmente, por lo demás, es una herramienta sencilla y cómoda con la que crear imágenes vectoriales y usar objetos o trayectos muy fácilmente.

Al final, tengo que usar Krita si quiero manipular imágenes (tampoco GIMP es bueno con el soporte CMYK) mezclado con un rudimentario Scribus que, obviamente, no está pensado para ese propósito. Krita, a pesar de disponer de la posibilidad de gestionar capas vectorizables o de «vectores», tampoco resulta demasiado cómoda para edición de, por ejemplo, una cubierta de un libro. Es muy potente para la gestión de imágenes y no tengo queja con ello, pero no para composición visual de objetos vectorizados junto a otras «cosas», como imágenes incrustadas.

Quizá, sencillamente, tendría que aprender mejor a usar Krita, pero me resulta algo sobrecargada de posibilidades para lo que suelo requerir.

Pequeños dramas del mundo alternativo…

Ahora pensando en actualizar a la última versión, independientemente del sistema operativo, para reincorporar esas «features» que se perdieron no sé por qué.

Mi reino por una toalla

He vendido mi alma (en este caso unos datos al rellenar una encuesta absurda) por un regalo que resulta ser una de esas toallas hiperabsorbentes que no sé si utilizaré. Ocupa una cantidad de espacio ridículamente baja para lo que presuntamente hace.

Esta mañana (escribo esto el martes pasado), me llegó una propuesta que decía que si rellenaba un pequeño formulario, que me llevaría unos 10 minutos cumplimentar, me darían este «regalo», con la condición, además, de ser una de las primeras 300 personas en hacerlo.

Me había despertado pronto y el mensaje parecía recibido hacía no más de 20 minutos, así que vi plausible que aún no lo hubieran intentado ese cupo de población ávido por obtener más objetos innecesarios. Además, el martes es el día que suelo ir a la piscina a hacer algo de ejercicio, aunque no tenga muy claro que me esté sirviendo de mucho más allá de tranquilizar mi conciencia y permitir que a la salida me otorgue un desayuno opíparo y grasiento.

El formulario comenzaba preguntando el género y permitía la opción de decir «prefiero no decirlo» que suele ser la que yo elijo. Pero al finalizar el mismo pedían el nombre completo y una dirección de correo electrónico. Entonces comprendí que había vendido mi alma (en este caso unos datos) por obtener una recompensa de dudoso interés.

Yo seguramente seguiré prefiriendo mi toalla de lunares verde y grande, acolchadita, sobre la que sentarme a cambiarme de ropa en el vestuario. Me perturba tener que tener tanta equipación específica para cada una de las tareas que se realizan: ropa de piscina, ropa de gimnasio, ropa de montaña, ropa de ciudad, ropa de entierros, ropa de bodas, ropa de cenas, ropa de desayuno, ropa de andar por casa, ropa de presentaciones, ropa de poeta, ropa de acostarse, ropa de performance, ropa de pintura… y así voy reduciendo mis personalidades a ropa de mí mismo y poco más.

Los libros de mi Día Internacional del Libro

Hoy era el Día Internacional del Libro y quise hacerme con algunos de los libritos que me voy a leer próximamente, amén de alguno que me reservaré para las vacaciones.

Nada mejor que ir a la librería de mi amigo y gran librero: Andrés Larrinaga, en Librería MenosDiez, situada en Calle del Espejo, 5, justo a unos metros de mi estudio.

El regalo de la bolsa a partir de unos pantalones reutilizados me parece el broche ideal y cariñoso de una librería que por encima del negocio, tiene la ética. Es un honor y un orgullo contar con amigos semejantes.

Problemas

Tengo problemas
para quedar contigo
y tengo problemas
para ir a este sitio
y tengo problemas
para este horario
y tengo problemas
para esta música
y tengo problemas
para este vecindario
y tengo problemas
para esta temperatura
y tengo problemas
para esta alimentación
y tengo problemas
para estos precios
y tengo problemas
para esta televisión
y tengo problemas
para esta programación
y tengo problemas
para este volumen
y tengo problemas
para esta mesa de al lado
y tengo problemas
para estas conversaciones
y tengo problemas
para estas muestras de cariño
y tengo problemas
para esta indiferencia
y tengo problemas
para este postureo
y tengo problemas
para esta estas alturas
y tengo problemas
para quedar contigo
que tienes problemas
para ir a ese sitio
y tienes problemas
para ese horario
y tienes problemas
para esa música
y tienes problemas
para ese vecindario
y tienes problemas
para esa temperatura
y tienes problemas
para esa alimentación
y tienes problemas
para esos precios
y tienes problemas
para esa televisión
y tienes problemas
para esa programación
y tienes problemas
para ese volumen
y tienes problemas
para esa mesa de al lado
y tienes problemas
para esas conversaciones
y tienes problemas
para esas muestras de cariño
y tienes problemas
para esa indiferencia
y tienes problemas
para ese postureo
y tienes problemas
para esas alturas
y tienes problemas
para quedar contigo.

Una de dos:
O tenemos problemas compatibles.
O tenemos problemas incompatibles.

Una de dos:
Quizá no queremos vernos.
Quizá no tenemos problemas.
Quizá ambas afirmaciones sean ciertas.

Esto no es una broma