
Estrenando gafitas

Por fin me decanté por unas gafas nuevas para graduación intermedia, lo que quiere decir ordenador y vida dentro de mi estudio. Durante mucho tiempo he estado usando (sin graduarme específicamente para ello), unas gafas que habían quedado cortas de dioptrías hace años.
Va a ser sencillo seguramente adaptarme, aunque parte de la adaptación ha consistido sencilla y llanamente en alejar la pantalla un poquito para ver mejor la letra. No es mala cosa, pues tener demasiado cerca la pantalla no es una práctica muy saludable y se pierde mirada colectiva de la misma (llegué incluso a barajar, para evitar esto último, adquirir una pantalla curvada que acercase las esquinas a mis ojos).
Al final, esta ha sido la mejor solución, creo, pues veo con una nitidez mayor y, espero, me acostumbraré en poco tiempo.
Sin embargo, también adquirí unas gafas graduadas en unas 4 dioptrías para la mirada de lejos, pero eso me va a costar mucho más, pues apenas ha cambiado nada desde las últimas que tenía y que a fecha de hoy sigo usando.
Tan solo echaba de menos una graduación más ajustada a mi situación actual cuando conduzco, pero es algo que hago tan solo un par de veces al año… y es posible que la escasa visión al conducir se deba más al hecho de la falta de costumbre que a la potencia óptica.
Lo que he descartado por unos años, de este modo, es proceder a una operación que elimine la necesidad de usar aparatos en los ojos extraocularmente, pero es que no acababa de verlo claro (y no es un chiste fácil).

Poemas en la basura
He actualizado la página de poesía objetual de mi web, incluyendo uno de los poemas más interesantes que creo haber escrito en lo que va de año 2026. Sé que a poca gente le interesará, pero a mí me fascina la radicalidad de la experiencia: Poemas en la basura sobre el que ya anticipé algo en este diario titulándolo «antisistema«:
Escribir
en un papel
que voy a tirar
a la basura
es la mayor aspiración
de una poesía
liberada de cualquier intento
de comercialización.
Nota: Este papel fue recibido en un pedido de Amazon hace más de 5 años (para salvaguardar el contenido de golpes desde su origen, posiblemente lejano) y ahora quiero pensar que recuperarlo para una acción poética me libera, me limpia, me hace sentir libre de pecado. «Greenwashing» de manual.
Acción relacionada con El acto de escribir, no la palabra, o poema visual banal o poema tonto, o acto absurdo, algo dadá, que dice ser antisistema, pero que en realidad es fruto de la frustración y silencio. Es más bien un ejercicio de meditación activa o una nadería.
La idea comienza a materializarse el 12 de febrero de 2026. Procedí a escribir todo el texto que cupiese en varios rollos de papel a lo largo de 4 horas seguidas el viernes 13 de febrero de 2026. Pero tengo la sensación de que este proyecto no ha hecho nada más que empezar.
Algunos de los textos que escribí sobre esta «basura» que no tiene mayor importancia son:
Atribuir a un acto banal
una importancia capital
es no tener cabeza
etimológica.
El acto de escribir
no la palabra
es una performance
o un conjunto
de ellas
que vengo
desarrollando
desde hace años
como estudio sistemático
de experimentación
en la acción
poética
de escribir sin
otra finalidad
que rescatar
su verbosidad.
Un mar de palabras asesinas
al acecho de mi cansado corazón
enaltecido
por una revolución inexistente
se adueña de la marea de mi vida
y me eleva por debajo de las nubes
hasta alcanzar
nirvanas estresados.
PRETENSIÓN
Alzo mi voz contra la
PRETENSIÓN
de alta tensión
baja atención.
Bakunin
no va a morir
porque
ya está
muerto.
Se ha ahogado
en un frasco
de colonia
que venden
a buen precio
en PRIMOR.
Hay claves secretas.
Monte Athos o los primeros incel
https://historia.nationalgeographic.com.es/a/por-que-monte-athos-no-pueden-entrar-mujeres_21539
Existe este pedazo de tierra dentro de la Unión Europea, en concreto dentro del país heleno, que tiene prohibida la entrada a las mujeres, así, porque sí, por si los monjes resultan tentados carnalmente, lo que no dice mucho de su capacidad para autogobernarse, pero tampoco demasiado de la imaginación para ser tentados con otras carnes.
Es pavoroso que se permitan esta pequeñas cosas y sean unas anécdotas divertidas en lugar de un bochornoso episodio de homofobia, misoginia, transfobia, etc, etc, etc… y todo eso, claro está, como de costumbre, con una excusa tan baladí como la religión.
¡Cualquier religión que trate de manera diferente a hombres y mujeres (cis o trans) (hetero u homo u…) es absolutamente despreciable y contraria a los derechos humanos!
Luego no es de extrañar que exista en la actualidad ese absurdo fenómeno de los incel:
Incel, o íncel es un acrónimo de la expresión inglesa involuntary celibate, ‘celibato involuntario’). En sus orígenes el termino fue acuñado por una mujer canadiense en 1997 que creó el Proyecto de “Célibe Involuntario” como una fuente de consuelo y apoyo para personas que experimentaban soledad, falta de reconocimiento y apoyo social permitiéndoles un espacio para crear comunidad, expresarse y hablar de ello en virtud de las experiencias compartidas.
Luego de su creación, el ecosistema incel fue manifestándose en comunidades virtuales, integradas en su mayoría por varones, que fueron desarrollando una cultura propia. A través de los foros incels fueron in crescendo en expresiones de misoginia, hostilidad, apología de la violencia hacia las mujeres y personas LGBTIQ+, deshumanizandolas y responsabilizandolas por su falta de interacciones sexo-afectivas, llegando incluso a promover o realizar actos de violencia extrema.
Las restricciones al tráfico

«Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones al Tráfico»
Hay restricciones a multitud de cosas, lo que no parece ser un problema cuando se anuncia por todas partes las campañas de antiocupación como si fuese lo más grave y frecuente que ocurre en el mundo. La propiedad privada es tan sagrada que a nadie le parece razonable escribir «Trabaja desde una casa a pesar de… que no sea de tu propiedad».
Pero la restricción del tráfico, es decir, el respeto por la calidad del aire, no se promociona más que de manera negativa: mediante prohibiciones, así no el caso de la casa que te dicen que adquieras y cierres. Pero eso no supone aparentemente ninguna restricción.
Hay algo en el mensaje de esta furgoneta que me molesta mucho, pero no acabo de aclarar mi discurso y parece que estoy haciendo apología de la ocupación. No es esa la cuestión, sino saber reconocer que hay restricciones en multitud de otros asuntos y no se hace publicidad de servicios para evitar o a pesar de las mismas restricciones.
Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones en la ocupación de la vivienda.
Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones en el uso indiscriminado del suelo.
Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones en el ruido.
Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones en el decoro.
Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones en la libertad de expresión.
Trabaja en Madrid a pesar de… las restricciones en …
La muerte me anda rondando
Merodea
el fin
hálito de gusanos
y no quiero
asumir
la responsabilidad
de dejar restos
que considero ajenos
a terceras personas.
Si fallezco
en el horizonte
dejadme allí
donde este colectivo de partículas
haya decidido dejar de funcionar
con el desafío a la entropía
que consideramos
vida.
Carece de importancia
una vez
desconectados los cables
subcutáneos
que mantienen en pie
este bípedo humanoide
al que denomino yo.
Me rodea
la muerte ajena y se muestra
afilada dentadura
en plenas facultades y capaz
de devorar en sus fauces
de desintegración masiva
mis ondas electromagnéticas
mis ondas gravitacionales
mis ondas nucleares
mis ondas particulares
afirmando
que no soy tan particular
como alguna vez pienso.
Ni «cogito».
Ni «sum».
Ni tan siquiera «ergo».
No soy tanto
como para que me parezca preocupante
morir.
Vivir ha sido y es
la verdadera aventura.
Y en ella estoy.
Amando,
queriendo,
deseando,
fagocitando…
y oxidándome
despacio
inexorable
hacia el acortamiento
irremisible
de telómeros.
Releo el texto y encuentro
demasiados «me» y «yo» y «mi»…
pero no los evito,
no los corrijo,
no los circundo.
Soy. Existo. ¡Vivo todavía!
¿y hasta cuándo?
Maquetando Vida Mínima de Luis Naranjo

Este trimestre estoy editando tanto que casi no he tenido atención o tiempo para poder publicar, de cuando en cuando, estas entradas en este diario al que dedicar al menos 15 minutos diarios (diariamente 15 minutos diarios en el diario).
En esta ocasión, publico la cubierta del libro que he editado para Luis Naranjo, que ya viene siendo un cliente habitual y buen amigo, a pesar de que la temática de su poesía no me interesa mucho, pero le reconozco validez formal y cuidado estético por lo que hace, amen de una calidad humana notable, un trato sencillo y un sobresaliente respeto a mi trabajo.
Es un gusto, en resumidas cuentas, trabajar para alguien como él.
Su libro, ya en imprenta, se titula «Vida Mínima» y tiene un bello color cian puro sobre el que situar un fragmento de una fotografía de un cuadro de Zurbarán de temática religiosa, muy acorde con el interior del libro, y una tipografía serif de color blanco para dotar de luminosidad el conjunto.
Desde hace un par de años, uso un pequeño adorno con rectángulos de los cuatro colores CMYK sobre la contraportada, acompañando tanto el logo de Clave 53 como el de Giusseppe.net. En esta ocasión, el rectángulo de la C (CIAN) hube de perimetrarlo con un trazo blanco para que se viese, pues se habría diluido sobre el fondo azulado.
Tanto el color de Edita Clave 53, como las letras del logo de Giusseppe.net, y el 53 del logo de Clave 53, van cambiando en función del fondo de los libros que edito, de modo que llevan un color definido en Scribus como «EditaClave53» que puede tomar el color que yo quiera.
Sinceramente, creo que voy mejorando en mi calidad de editor. Estos dos últimos años han sido un reto de crecimiento en cantidad y calidad muy sustancial, y no ha salido mal, cabe decir, modestia aparte.
Aprendiendo, siempre aprendiendo…

Siempre es complicado hacer cosas que no suelo hacer. Toca aprender de nuevo, como si no supiera.
Ayer estuve probando diferentes métodos de mezclas de colores de capas y objetos, tanto en Inkscape como en Krita. El mundo Linux es amable en cuanto a documentación disponible, pero exasperante por poca intuitividad de las aplicaciones. No me quejo, pues la filosofía subyacente es: si crees que eres capaz de hacerlo mejor, hazlo. Y, en mi caso, no lo soy.
Por no sé muy bien qué razón, han eliminado de Inkscape en las últimas versiones la posibilidad de gestionar directamente los modos de mezcla desde el menú de capas y lo han desplazado al de relleno (que tradicionalmente está asociado a un objeto, y no a toda una capa que contiene o puede contener varios objetos). No me parece una buena idea, pero supongo que a alguien sí se lo ha parecido.

Por fortuna (o todo lo contrario) no utilizo Inkscape para la maquetación por su falta de soporte para CMYK, a pesar de que parezca lo contrario. Así que me preocuparía de saber hacerlo en Scribus, pero realmente, por lo demás, es una herramienta sencilla y cómoda con la que crear imágenes vectoriales y usar objetos o trayectos muy fácilmente.
Al final, tengo que usar Krita si quiero manipular imágenes (tampoco GIMP es bueno con el soporte CMYK) mezclado con un rudimentario Scribus que, obviamente, no está pensado para ese propósito. Krita, a pesar de disponer de la posibilidad de gestionar capas vectorizables o de «vectores», tampoco resulta demasiado cómoda para edición de, por ejemplo, una cubierta de un libro. Es muy potente para la gestión de imágenes y no tengo queja con ello, pero no para composición visual de objetos vectorizados junto a otras «cosas», como imágenes incrustadas.
Quizá, sencillamente, tendría que aprender mejor a usar Krita, pero me resulta algo sobrecargada de posibilidades para lo que suelo requerir.
Pequeños dramas del mundo alternativo…
Ahora pensando en actualizar a la última versión, independientemente del sistema operativo, para reincorporar esas «features» que se perdieron no sé por qué.
Mi reino por una toalla

He vendido mi alma (en este caso unos datos al rellenar una encuesta absurda) por un regalo que resulta ser una de esas toallas hiperabsorbentes que no sé si utilizaré. Ocupa una cantidad de espacio ridículamente baja para lo que presuntamente hace.
Esta mañana (escribo esto el martes pasado), me llegó una propuesta que decía que si rellenaba un pequeño formulario, que me llevaría unos 10 minutos cumplimentar, me darían este «regalo», con la condición, además, de ser una de las primeras 300 personas en hacerlo.
Me había despertado pronto y el mensaje parecía recibido hacía no más de 20 minutos, así que vi plausible que aún no lo hubieran intentado ese cupo de población ávido por obtener más objetos innecesarios. Además, el martes es el día que suelo ir a la piscina a hacer algo de ejercicio, aunque no tenga muy claro que me esté sirviendo de mucho más allá de tranquilizar mi conciencia y permitir que a la salida me otorgue un desayuno opíparo y grasiento.
El formulario comenzaba preguntando el género y permitía la opción de decir «prefiero no decirlo» que suele ser la que yo elijo. Pero al finalizar el mismo pedían el nombre completo y una dirección de correo electrónico. Entonces comprendí que había vendido mi alma (en este caso unos datos) por obtener una recompensa de dudoso interés.
Yo seguramente seguiré prefiriendo mi toalla de lunares verde y grande, acolchadita, sobre la que sentarme a cambiarme de ropa en el vestuario. Me perturba tener que tener tanta equipación específica para cada una de las tareas que se realizan: ropa de piscina, ropa de gimnasio, ropa de montaña, ropa de ciudad, ropa de entierros, ropa de bodas, ropa de cenas, ropa de desayuno, ropa de andar por casa, ropa de presentaciones, ropa de poeta, ropa de acostarse, ropa de performance, ropa de pintura… y así voy reduciendo mis personalidades a ropa de mí mismo y poco más.

