Mi profe prefe

Mi profe prefe, obviamente sin parcialidad. 😉

Maravillosa Carmen De La Rosa en sus clases con clase, con simpatía y con buen hacer. Lleva más de 25 años formándose y no se detiene: Para ella, el Tango es una carrera de fondo, o sin fondo, una carrera de vida. Es increíble que siempre se esté reinventando y dando lo mejor de sí en cada clase.

Este julio del 2026 tienes estas cuatro propuestas para distintos niveles. Pregunta en su teléfono 635514576 o carmen@carmendelarosa.com

¡Si quieres seguir aprendiendo Tango, no te los pierdas!

Soy de otro tiempo

Mi tiempo parece haber pasado.

Soy del tiempo en el que el tiempo
era privado.

Mi tiempo parece haber pasado.

Soy del tiempo en el que el tiempo
era sagrado.

Mi tiempo parece haber pasado.

Soy del tiempo en el que el tiempo
era cuidado.

Mi tiempo parece haber pasado.

Soy del tiempo en el que el tiempo
era oro.

Mi tiempo parece haber pasado.

No soy del tiempo en el que el tiempo
es público.

Mi tiempo parece haber pasado.

No soy del tiempo en el que el tiempo
es violable.

Mi tiempo parece haber pasado.

No soy del tiempo en el que el tiempo
es descuidado.

Mi tiempo parece haber pasado.

No soy del tiempo en el que el tiempo
es basura.

Mi tiempo es lo único que tengo.
Mi tiempo es lo único que quiero.
Mi tiempo es lo único que añoro.
Mi tiempo es lo único que adoro.

Mi tiempo.
Ese que fue.
Ese que ya no es.
Ese que cuando era, no era tampoco.
Ese que fue o no fue.
Ese idealizado tiempo
sin tiempo.

Mi tiempo.

No es lo mismo

Estoy cansado de oír
que la visita del papa a Madrid
es lo mismo
que la fiesta del orgullo LGTB+.

No.
NO.
No es lo mismo.

Para comprenderlo
hay que entender
cómo funciona la simetría
en entornos no homogéneos
en entornos no simétricos.

No es lo mismo
que un padre pegue a un hijo
que un hijo pegue a un padre
que un hombre pegue a una mujer
que una mujer pegue a un hombre.

Las circunstancias
asimétricas estructurales
hacen
que lo aparentemente simétrico
no sea realmente simétrico.

El papa visita un país
que tiene festivos religiosos (católicos, para más inri)
y casi ningún festivo laico
por no hablar de festivos homosexuales.

El papa visita un país
cuya educación concertada (y sanidad) religiosa
recibe apoyo constante
de los fondos del estado.

El papa visita un país
donde a nadie golpean ni discriminan
por llevar una cruz en el pecho.

El papa visita un país
donde casi la mitad de las calles o plazas
remiten a la historia de su iglesia.

El papa visita un país
donde las personas que no son heteronormativas
han de salir a la calle
para reivindicar derechos
que no tienen concedidos.

Ese país
en el que una fiesta como la del orgullo
es muestra de avance social
muestra de respeto a la diferencia
muestra de que queda mucho por hacer
para sentirse libres.

El papa visita un país
para decirnos cómo debemos vivir
para decirnos cómo debemos pensar
para decirnos cómo debemos sentir
para decirnos cómo debemos amar.

Pero eso no lo hace el orgullo.

El orgullo se organiza en el país
para decirnos cómo podemos vivir
para decirnos cómo podemos pensar
para decirnos cómo podemos sentir
para decirnos cómo podemos amar.

Y esa sutil diferencia
casi se escapa
pero no se me escapa.

Estoy HARTO
sí,
HARTO con mayúsculas
de escuchar
que la visita del papa a este país
es igual
que la marcha por el orgullo LGTB+ en este país.

No.
NO.
No es lo mismo.

Y a cualquier persona que no sea capaz de comprender la diferencia
o no quiera hacerlo,
no me gustaría tenerla cerca.

Tatuaje

Me haría un tatuaje
que dejara una historia
que no tuviese que contar.

Me haría un tatuaje
de la letra A
emblema brossiano de todo poema.

Me haría un tatuaje
que llevara su nombre
si su nombre fuese único,
quizá, incluso, su NIF.

Me haría un tatuaje
con el código qr de mi página web
o el código de barras de mi primer libro.

Me haría un tatuaje
con una imagen que no valga más
que mil palabras.

Me haría un tatuaje
con círculos concéntricos
que fuese creciendo año tras año
hasta llegar a ser secuoya.

Me haría un tatuaje
que contuviese todos los tatuajes
hechos por todos los seres humanos
en el planeta Tierra.

Me haría un tatuaje
tetradimensional
que cambiase con el tiempo
y fuese haciéndose sereno y maduro
como yo.

Me haría un tatuaje
que no fuese simbólico
sino tan real como la vida misma,
un tatuaje lunar, por ejemplo.

Me haría un tatuaje
que no se llamase «tattoo»
que iluminase la oscuridad
de mis pensamientos.

Me haría un tatuaje
de piedra sobre piedra
en una carne macerada.

Me haría un tatuaje
de consonantes impronunciables aleatorias
que hiciesen creer
que son un código por descifrar,
un tatuaje estilo Matrix
en verde sobre negro.

Me haría un tatuaje
que fuese un garabato bermellón
que continuase en la piel
de todas las personas.

Me haría un tatuaje
con el genoma humano
o mi ADN secuenciado
por si han de reconstruirme.

Me haría un tatuaje
de teclas de piano
que produjesen la novena sinfonía de Beethoven.

Me haría un tatuaje
que sirviese para encender cigarrillos
que no contuviesen nicotina
ni alquitrán.

Me haría un tatuaje
del que pudiera beber
mis propias lágrimas
cuando se agotasen.

Me haría un tatuaje
del fondo de microondas
del origen del universo
de la curvatura del tiempo
del color de un agujero negro
de la forma de la materia oscura
de un fotón lento.

Me haría un tatuaje
con sangre de mi sangre
con sangre de tu sangre
con sangre sin mi sangre
con sangre sin tu sangre
con sangre simultánea.

Me haría un tatuaje
aislante térmico
aislante acústico
aislante estúltico.

Me haría un tatuaje
de un tatuaje que reflejase
un tatuaje que reflejase
un tatuaje
que reflejase
un tatuaje que me haría
o no me haría.

Papeles recuperados

He recuperado unos papeles que llegan como protección interior de los envíos de libros que recibo. Me gustan mucho como papel de envolver, pero también como soporte de escritura. Aún no tengo claro en qué o dónde los usaré, pero sí que lo haré.

Ahora toca esperar al siguiente envío para seguir recibiendo estos papeles que, supongo, la mayoría de la gente tirará inmediatamente. Convirtiéndose el subproducto, la basura, en el soporte de nuevas piezas, nuevos productos, que requieran, para su conservación, ser envueltos en otros papeles que serán basura para otras personas. Es un camino infinito, este del despilfarro, que no puedo atajar de ningún modo.

El planchado lo hago manualmente, sin ningún tipo de herramienta, y el almacenaje exige algo de imaginación, porque acaban ocupando bastante sitio y preferiría no plegarlos para que no acaben por tener arrugas por muy planificadas que estas puedan parecer.

Es una actividad casi meditativa, que me tiene ocupado casi durante media hora no haciendo otra cosa que desarrugar burruños y aplanar pliegos sobre una superficie que los contenga.

El lunes, incluso, estuve ocupado fotografiando parte del proceso y documentando esta actividad como si fuese digna de tal cosa. No soy propiamente un espigador, pues tan solo me encargo de reutilizar mi propia basura, en un mundo que cada día comprendo menos.

El gozo estético

Carmen me regaló por mi 59 cumpleaños que cumplo hoy mismo unas entradas para un concierto de Jazz en el «reubicado» café Central, ahora denominado «Ateneo Central«.

Fue muy emocionante escuchar el mítico Victor Jones Trio en directo, en unas sillas casi en el escenario, desde donde se podía apreciar el manejo divertido de las baquetas del increíble baterista Victor Jones.

Yo lloraba de emoción ante tanta belleza. Belleza analógica, cálida, sin intervención alguna de instrumentos electrónicos, ni siquiera para las partituras en esta época cada día más dependiente de la electricidad.

Un momento álgido fue cuando invitaron a unirse a tocar un tema de John Coltrane al camarero que hasta ese momento nos había atendido y que se lanzó con saxofón en mano a interpretar el delicioso tema con una compañía increíble. ¡Qué sensación! (Lo que llamarían ahora mismo experiencia).

Fue una tarde maravillosa que culminamos cenando en un restaurante vegetariano llamado Artemisa recordando los preciosos momentos que habíamos, otra vez, compartido.

Queríamos olvidar el mal inicio de la tarde en el que Carmen se había pisado sus propios pantalones produciéndose una aparatosa caída que le ha dejado una rodilla muy magullada e hinchada. Ojalá que recordemos pasados unos meses tan solo esa emoción por el gozo estético y hayamos olvidado esa lesión, el susto y la sensación de indefensión profesional que siempre tenemos ante algo así.

Exposición de Kay Woo

Maravillosa la risa de Kay Woo hablando en la exposición colectiva de la que formaba parte en la Kate Contemporary Gallery, una galería que presume de ser la única filipina en Europa, con vocación internacional e internacionalista, «Punto de encuentro» era el título y el motivo de la muestra de artistas de distintas procedencias, mayoritariamente extremo-orientales, que se convoca con la intención de hacer un homenaje al mismo nombre y resultar así un punto de encuentro en Madrid de creadoras que quizá, aún, no se habían encontrado en la ciudad que las aloja.

El sábado por la mañana había una visita guiada y me acerqué a la expo para encontrarme tanto con Kay como con algunas de las personas que acuden a mis talleres de poesía y que, como personas interesadas por lo contemporáneo, quisieron y pudieron unirse a las explicaciones de Joaquim, director de la galería, como de Kay Woo, centrándose en su obra.

Fijándonos en el detalle de su obra, queda claro que su pintura figurativa tiene algo de metafísica, al puro estilo De Chirico, o incluso tintes surrealistas en la línea de Magritte.

No obstante, es fácil apreciar influencias muy posteriores de autores presuntamente hiperrealistas, o pseudofotográficos como Edward Hopper, a quien tanto me recordaban las imágenes de Kay incluyendo textos urbanos y señales de tráfico o cartelería.

Pero más allá de esas múltiples referencias, encuentro una calidez, por momentos infantil, en la obra de mi amiga, que se expresa formidablemente en la risa que capté en la fotografía que encabeza esta entrada en el diario. Y esa calidez me cautiva, me gusta muchísimo más que toda su obra, a pesar de que también esté en su obra.

Las cabezas esculpidas, las caras sutiles que no se ven en la imagen, siempre me parecen algo que quiero tener en casa o regalar… pero que escapa a mis posibilidades económicas.

Fue un bello comienzo de jornada de este sábado memorable.

Esto no es una broma