V13, de Emmanuel Carrère

Un puñetazo en el estómago, cargado de contención, racionalidad, sin resultar frío ni equidistante. Truman Capote y «A sangre fría» del siglo XXI, todo es más complejo…

No acabo de entender el diseño de la portada de esta novela estremecedora de Carrère de quien he leído tres libros este verano: V13, El estrecho de Bering y la obra Koljos, que resultó ser mejor de lo que esperaba, por muy bien recomendada que viniese.

La contraportada ya avisa de que va a ser un texto duro, difícil de leer, pero no aclara de qué manera se va a encarar la postura del narrador, que, periodístico, no es neutral, pero tampoco panfletario. Resulta muy complejo el mundo en el que vivimos como para, después de un atentado como el V13 atreverse a cierta equidistancia, cierta ecuanimidad, capaz de mirar con empatía a quienes cometieron los atentados, sin, por ello, caer en el victimismo de clase, ni justificar sus acciones.

Así, Carrère no olvida que hay muertos en muchas partes del mundo que no reciben la atención mediática que él mismo está prestando a los juicios de estos terroristas. Es perfectamente consciente de, como afirma, a todo el mundo (su/nuestro mundo) le importa un bledo los 131 sirios o iraquíes aplastados por bombas norteamericanas.

Pero, sin dejar de lado esa crítica nada velada de nuestro modo de ver el mundo, tan parcialmente, se lanza también a la descripción sin ambages del horror vivido ese viernes 13 en París, con lo que deja claro que no está defendiendo la lucha armada, ninguna violencia, en realidad, sino haciendo un alegato a favor de la convivencia, la empatía, la comprensión…

Fue duro de leer, pero una lectura más que necesaria para encarar la, cada día más, compleja realidad del mundo que habitamos. Si somos capaces de hacer una lectura desposeída de prejuicios, claro está.

Paréntesis y puntuación

Estuve leyendo G, de John Berger, que no me encantó y en gran parte creo que es debido a una muy mala edición, de Penguin Libros (impreso por Amazon (!)), aunque dice ser de la Editorial DEBOLSILLO. ISBN: 978-84-663-4279-7Editorial: DEBOLSILLO. Año de la edición: 2018. Medidas: 125 X 189 mm. Páginas: 344.

Su lectura es abigarrada, con 40 renglones por página, y me está costando tanto que casi lo abandono, como ya me pasara con Puerca tierra, del mismo autor. Creo que le daré algo de tiempo hasta leer otra novela de Berger.

Errores como esta puntuación dentro de los paréntesis o dentro de comillas, amén unas traducciones que parecen hechas por inteligencia artificial.

Siempre tengo dudas de si los signos de puntuación se han de poner dentro o fuera de los paréntesis, o dentro o fuera de las comillas, así que me remito a la RAE para estos desfacer estos entuertos otorgándole más autoridad de la que en realidad tiene.

Al fin y al cabo, si tras muchos usos de esta forma que me encuentro cada día más frecuentemente en ediciones de diverso pelaje y calidades, acaba por imponerse ese uso, teóricamente la RAE lo recogerá como válido y revisará su «ortografía», que no es sino una forma de describir la escritura, por mucho que a veces se crea que es una forma de obligar a cumplir unas reglas prefijadas.

Concurrencia de los paréntesis con otros signos.

Cuando los paréntesis concurren con otros signos de puntuación, deben seguirse las siguientes pautas:

a) El punto, la coma, el punto y coma y los dos puntos se escriben siempre después del paréntesis de cierre:

* Llevaban casados mucho tiempo (el año pasado cumplieron sus bodas de oro), pero nunca lograron entenderse.

* Se llama Elvira Muñoz (si no recuerdo mal).

El punto se coloca siempre detrás del paréntesis de cierre, incluso cuando el texto entre paréntesis abarca todo el enunciado:

Se fue dando un portazo. (Creo que estaba muy enfadado).

Poema para ser plantado

Ejercicio especial del Taller de Poesía a partir de un calendario plantable que me regalaron en unas navidades. Lo tenía esperando una ocasión como esta para ser utilizado poéticamente.

Yo escribí, por participar en este mismo ejercicio, el poema que acompaña la imagen:

Poema para ser plantado

Plantemos poesía,
plantemos optimismo,
pero, sobre todo,
reguémoslo.

Reguémoslo
con sangre
sudor
lágrimas
y risas, siempre risas.

Así, ¡Crecerá la creación!

La utilidad de lo inútil, de Nuccio Ordine

Este manifiesto, que leí en formato físico durante mis vacaciones de verano, creí que estaba escrito por y para mí. Lo tenía que haber leído hace más de 4 décadas, pues pareciera que mi vida entera se rige por lo que está escrito en este pequeño librito de menos de 200 páginas llenas de sabiduría.

Las citas eran tan maravillosas como el texto que acompañaban, como esta de Montaigne, a quien he querido conocer más en profundidad a raíz de este libro.

Humilde, Ordine no deja de mostrar que no es el primero en pensar así, refiriéndonos a los clásicos pensadores griegos, entre otros, como en el caso de Aristóteles, padre de la lógica:

ARISTÓTELES: EL SABER CARECE DE UTILIDAD PRACTICA

También la cultura debe ser preservada de la fuerza corrosiva del dinero y el beneficio. Aristóteles ha escrito páginas importantes sobre el valor intrínseco del saber en su Metafísica. Es mérito suyo haber formulado con claridad la idea de que el conocimiento en los grados más altos no constituye «una ciencia productiva». Y que los seres humanos «comienzan y comenzaron siempre a filosofar movidos por la admiración». Precisamente el estupor ante aquellos «fenómenos sorprendentes más comunes» los estimuló a emprender la quête. Y por lo tanto si es cierto que los hombres «filosofaron para huir de la ignorancia, es claro que buscaban el saber en vista del conocimiento, y no por alguna utilidad»:

«Es, pues, evidente que no la buscamos [esta ciencia] por ninguna otra utilidad sino que, así como llamamos hombre libre al que es para sí mismo y no para otro, así consideramos a ésta como la única ciencia libre, pues esta sola es para sí misma».

En esta libertad de la filosofía, caracterizada por el rechazo a ser esclava de lo útil, se funda la divinitas de los seres humanos («Por eso también su posesión podría con justicia ser considerada impropia del hombre»).

Alza la voz el manifiesto contra los utilitaristas, los pragmáticos, los eficaces, reivindicando la literatura más ambiciosa, esa que no persigue fama o dinero, esa que no alimenta el ego.

«EL CONOCIMIENTO ES UNA RIQUEZA QUE SE PUEDE TRANSMITIR SIN EMPOBRECERSE»

En los próximos años habrá que esforzarse para salvar de esta deriva utilitarista no sólo la ciencia, la escuela y la universidad, sino también todo lo que llamamos cultura. Habrá que resistir a la disolución programada de la enseñanza, de la investigación científica, de los clásicos y de los bienes culturales. Porque sabotear la cultura y la enseñanza significa sabotear el futuro de la humanidad. Hace algún tiempo tuve ocasión de leer una frase simple, pero muy significativa, inscrita en el tablón de anuncios de una biblioteca de manuscritos en un perdido oasis del Sahara: «El conocimiento es una riqueza que se puede transmitir sin empobrecerse». Sólo el saber —poniendo en cuestión los paradigmas dominantes del beneficio— puede ser compartido sin empobrecer. Al contrario, enriqueciendo a quien lo transmite y a quien lo recibe.

Son todo joyas. Cualquier fragmento del libro es digno de ser subrayado, apuntado, memorizado. Cada día más. En estos tiempos algo estultos donde la IA ha acabado de poner el último clavo en un ataúd que venía preparándose desde hace décadas.

Hoy mi optimismo no está por las nubes.

¡Qué maravilla de libro! ¡Qué ganas de compartirlo!

Tantas personas queridas con quienes comparto este manifiesto como si fuesen parte de mi ser, como si me ayudasen a conformarme, no en el sentido de Reducirse, sujetarse voluntariamente a hacer o sufrir algo por lo cual se siente alguna repugnancia, sino en el de Dar forma a algo o a alguien.

Hay esperanza…

¡Claro que sí! Rotunda y paradójicamente:

Lo más útil es lo inútil.

TGR de Madrid

La Tasa de Gestión de Residuos del Ayuntamiento de Madrid tiene una web en la que llevar a cabo las gestiones y que, como viene siendo habitual en las administraciones públicas, funciona FATAL.

Amén de contener una información liosa y excesiva, no carga aplicaciones de servidor que posiblemente se tengan que encargar de asegurar los datos o verificarlos, por no hablar de las notificaciones que llevan a cabo que son, cuando menos, crípticas.

Las ciudades invisibles, de Italo Calvino

Este libro lo tenía pendiente, así que acabé por comprarlo y darle una lectura, pero se me hizo pesadísimo, algo aburrido, un ejercicio de estilo con muchas posibilidades en una edición (Siruela) abigarrada y barroca.

En general me entusiasma OuLIPO, pero la pertenencia de Calvino a este grupo siempre la pongo entre comillas, porque no acabo de ver que sea lo mismo su lectura que la de George Perec, por ejemplo.

Alguna que otra ciudad me resultó interesante, pero casi lo único que me gustó (y no todo el rato) eran las, por supuesto inventadas, conversaciones entre el Kan y Marco Polo. Puede servirme para algún taller, por supuesto, pero no creo que guarde un recuerdo agradable de este libro ni lo recomiende masivamente.

Contadas frases, no obstante, me encantaron:

Sin piedras no hay arco (arquitectónico, se entiende).

El olor del bosque, de Hélene Gestern

Ya en agosto me metí a leer esta novela de 800 páginas que pensé que me iba a llevar más de 3 días leer, pero mre resultó muy entretenida, aunque no muy profunda, lo que simplificó la tarea (¿tarea?).

No obstante, me gustó la interesante mezcla de voces narrativas y, sobre todo, la cuidada edición que hace la editorial Periférica & Errata naturae. Esto, para mí, no es poco, porque cada día más me importa encontrarme ediciones delicadas, que no dejen líneas huérfanas o viudas sin parar y cuya tipografía reme a favor de la legibilidad.

Comparte algo del intento de narrar historia colectiva e individual, al estilo de Lea Ypi o Emmanuele Carrere. No alcanza a profundizar en la primera y la segunda no parece tan interesante como para indagar en su biografía y ver si se corresponde con lo narrado. Estoy demasiado acostumbrado a autobiografías magistrales.

Pensé, y parece ser que acerté, que le podría gustar a mi hermana, así que se lo regalé cuando llegamos a Colmenar Viejo, aligerando considerablemente nuestro equipaje. Lo había comprado de segunda mano en MenosDiez, mi librería de confianza en Madrid, bien aconsejado por Andrés. Me gusta regalar las novelas que leo pensando en a quién pueden gustarle, para que sigan su camino en busca de la lectora o el lector ideal.

Esto no es una broma