Hoy he comenzado el día leyendo la historia de los cimbrios

Un pueblo que procede de las zonas más septentrionales de Europa, antes de que Europa fuese una grande y libre (ah, no que eso es de otra cosa). Pusieron en serios aprietos, junto con los teutones y otros pueblos seminómadas, la existencia de la república romana. Por la incapacidad política y militar de varios cónsules, acabaron estando a la merced de unos ejércitos que superaban (teniendo en cuenta que viajaban con toda la población) el millón de personas, cifra que, en aquel entonces, suponía la mayor amenaza que se pudiese imaginar.

Solo habían estado cerca de ser destruidos de manera semejante, los romanos, en tiempos de la segunda guerra púnica, en la que, bajo el mando de Aníbal, los cartagineses y muchos de sus aliados demostraron la falibilidad de esa potencia entonces emergente.

Aníbal había estado a las puertas de Roma y no supo o no pudo clavar la puntilla. En el tiempo que tuvieron para recomponerse, los romanos terminaron, incluso, por vencer a los cartagineses e imponer su hegemonía de siglos en el Mediterráneo. (Mare Nostrum, entonces).

Pero lo que ocurrió con los cimbrios me preocupa más:

Los políticos romanos, incapaces de ponerse de acuerdo ni siquiera en una batalla de un día, eran tan ineficaces que estos pueblos germánicos habrían cambiado el curso de lo que conocemos por historia si no fuese (parece ser) por las reformas de Cayo Mario.

Reformas que sembraron el germen de la destrucción de las instituciones que habían regulado la política republicana hasta dejar vislumbrar la aparición del imperio, del expansionismo brutal, de la profesionalización de la guerra (del ejército) y la creación, para ello, de un aparato militar que necesitaba comer sin parar alimentándose de muerte.

Eso sí, estarán orgullosos por siempre de este neo-fundador de Roma que les llevó a las cotas más altas de poder internacional, olvidando que mató a más seres humanos que muchos de los antecedentes. Claro que eran seres humanos otrorizables: no eran los romanos los que morían, eran los germanos. Eso está bien, parece ser. Pero yo no lo entiendo. Y especialmente después de que hayamos progresado socialmente hasta haber sido capaces de afirmar, en algún papel mojado, muy mojado, que todos los hombres son iguales.

En Europa, una europa que no acaba de despejar de ser minúscula suma de naciones divisas, los cónsules no llegan a acuerdos y acabarán por ser destruidos, salvo que aparezca un salvador o salvadora, un merkelcito de tres al cuarto o, peor aún, napoleones o hitlercillos, mussolinines… que demuestren que, con mano dura y criterio unificado por cojones, se llega a lo que no puede alcanzarse con diálogo.

¡¡Mierda!! ¿Por qué no hemos aprendido aún a dialogar? ¿Por qué no sabemos pensar en grupos grandes? El mundo está necesitando que seamos (todos (y todas)) capaces de entendernos, de pensar globalmente, para enemistarnos con lo que afecta a la globalidad, esa en la que vivimos lo queramos o no.

Me preocupa enormemente el nacionalismo histérico e histórico del que nunca vemos la viga, pero que señalamos pajas. España es nacionalista y no lo asume. Alemania es nacionalista y no lo asume. Francia es nacionalista y lo asume un poquito más, etc, etc… hasta más de 27. ¿Cuándo Europa será nacionalista?

Me temo que tarde, que será tarde, que Europa va camino de desaparecer, barrida por otros cuyos lenguajes no entendemos y a quienes, por nuestra propia incultura, llamaremos bárbaros.

No aprendemos.

¿¿¿Pero es en serio que aún se atreven a decir cosas como esta???

Parece mentira que aún se atrevan a decir cosas como esta y que se expongan a estar en este tipo de confrontaciones.

Por favor, señores de la iglesia católica, olviden sus trasnochados victorianos y reprimidos juicios de valor y valoren o juzguen a los propios, a esas vigas en ojo doloroso y dolorido… y nunca bien cicatrizado por la falta de intención. Por favor, señores de la iglesia católica, ¡bórrenme de entre los suyos!

Tengo que apostatar con urgencia.

Piel de Mariposa

Piel de Mariposa es una enfermedad genética que afecta a la piel provocando ampollas ante el mínimo roce.

Le he leído hoy en el periódico mientras intentaba comprender cómo aún quedan dudas sobre el trato sexista que se da a la publicidad, con o sin fines benéficos, pero siempre con fines, con ambición, con avaricia, incluso. ¿Cuál es la frontera entre la avaricia y la ambición? ¿Por qué una se ve mal y la otra está potenciada hasta el punto de que te pueden criticar por falta de ambición?

Sé que son cosas distintas. Es más, sé que esta entrada ha entrado dispersa hasta la saciedad, incluso tenía intención de hablar de la fidelidad en la pareja, esa autocensura sociocultural que ejercemos sobre nosotros mismos a sapiencia de que nos quedaremos sin saber a qué saben esos labios, esos miles de millones de labios que besaríamos por el mero hecho de saber a qué saben, cómo es su textura, su carnosidad, su tacto, su humedad, su dulzura, su volumen y su superficie, entre otras cosas que no sé clasificar.

Esta entrada diaria está perdida, está perdida en la noche del desorden, del estruendo mediático que tengo en el cerebro, el que me hace leer despacio, el que me tiene atrapado por todos los tendones, incluso por el del manguito rotador, ese por el que estoy yendo a fisioterapia sentándome en la silla número 4 de una serie que comienza por el número, curiosamente, cero. Sí, como lo lees, con el 0 más radical.

Y mientras hacía mis diez minutos (10) de ejercicios bajo las poleas, miraba las dos posiciones que tenía enfrente, la uno y la cero (1 y 0) y pensaba, no podía evitarlo, en la cantidad de cosas que se han conseguido desde que hemos comprendido que son las unidades básicas de almacenamiento de información. Sí y No. 1 y 0. Todo o Nada. Negro o Blanco.

Unidades suficientes para comprender un mundo simplificado, pero un mundo, al fin y al cabo, modelizado con lo mínimo, lo más mínimo, lo requetemínimo, por decirlo así.

Y luego vuelvo a preguntarme qué hacía leyendo un artículo sobre los almanaques de Ryanair hechos con la intención, presunta, de apoyar una institución benéfica a partir de fotografías de marcado carácter sexual pero que, en realidad, intentan generar una polémica que les dé la suficiente publicidad como para no tener que contratarla. Los medios de comunicación harán lo que tienen que hacer. Ryanair conseguirá la publicidad de ser denunciada y, aunque parezca increíble, eso repercutirá positivamente en sus beneficios. Es algo archisabido desde la famosa frase de un tal Tomas de Aquino: «Que hablen de mí, aunque sea mal».

La respuesta quizá sea que la belleza de algunas de esas mujeres me seduce, claro, que a pesar de la repulsión racional que me provoca la utilización sexista, discriminatorio, de esas imágenes, de esa campaña, veo sus cuerpos sugerentes cargados de una sensualidad artificial como la vida misma y me apetece encontrarme a esas mujeres. Pero también aquellas que caminan por la calle y que sorprendo hablando por un móvil que siente el calor del hálito vaporoso de esos labios que no besaré.

Y, por volver a ese primer párrafo inabarcable, esa reflexión sobre la avaricia o la ambición, me acuerdo de la crítica que he oído esta mañana de la mujer que estaba sentada en la silla numerada con un 3, en la que dirigiéndose a mí, criticaba la avaricia de un familiar del rey de este país que no acaba de darse cuenta de que el verdadero problema es la loa de la ambición, que hace descarrilar algún que otro torpe al otro lado de la delgada línea roja.

Monarquía. Todavía incuestionada a nivel político seriamente en españa, esta que no puedo escribir con mayúsculas, que sigue siendo una herencia más de una dictadura que consideramos aceptable. No hay porqué extrañarse de que haya, dentro de ella, cierta sensación de invulnerabilidad, de estar por encima de la ley, de esa que rige a los plebeyos, a los que tenemos que ser fieles… pero eso es otra cuestión, la fidelidad es un acuerdo de pareja. Al menos, en este país, ya no se lapida a los adúlteros, aunque siga siendo criticada la adúltera más que el equivalente del sexo contrario y, por supuesto, todavía sea denostada la promiscuidad, de nuevo no igualmente para ellos que para ellas.

Binarios, somos binarios en un mundo cuyas lógicas binarias tiempo ha que fueron superadas. Binarios, quizá, por no entender que los órganos sexuales no determinan la identidad. Binarios hasta la muerte, desde la vida, como si no hubiese muertos vivientes y vivos moribundos, en muy distintos grados… de un continuo de números reales, por lo menos.

Disperso, como yo, este pequeño texto del día, que termina aquí.

Pasa lo que pasa porque no hay lo que tiene que haber

Y con esa frase tan llena de misterio se ha quedado bien tranquila una mujer que estaba en la sala donde estoy realizando la fisioterapia correspondiente para mi hombro derecho que sigue con su manguito rotador molestando un poquito.

Después, la buena mujer, se ha puesto a hablar sobre que ella era española y que su padre había luchado en la guerra y… yo he preferido desconectar mental y auditivamente de esa retahíla de tonterías pseudo-racistas que no me estaban gustando ni poco ni mucho.

He llegado a pensar, incluso, que pasa lo que pasa porque no hay lo que tiene que haber: tenía que haberme levantado y haberle dicho a la buena mujer que tiene razón, que no puede no tenerla siendo tan sumamente imprecisa como para decir que, y no era una cuestión de falta de contexto, lo que pasa es cualquier cosa y lo que hay es cualquier otra.

Expresiones comodín que pueden sustituir absolutamente toda entidad semántica es llenar de significado indefinido, impreciso y vacuo, en una palabra, un significante simple con apariencia, incluso, de paradoja.

Pero he preferido seguir bajo la lamparita de infrarrojos (al menos de rojos) calentando el manguito paara poder, después, hacer unos ejercicios más o menos bien definidos agarrado a una escalerita y otros tantos con un par de poleas. Ya conozco lo que esto me suele provocar, así que no me ha pillado por sorpresa, pero siempre, siempre, siento que no hago lo que hay que hacer, que no pasa lo que debería pasar y que vivo sin vivir en mí.

Y así, hoy, me despido hasta dentro de un ratito, si consigo evitar que siga en funcionamiento el maldito Unity de mi recientemente actualizado Ubuntu 11.10. Si tienes este sistema operativo, busca maneras de evitar caer en las redes de interfaces para memos. O pásate a otros SOs.

Ayer fue la inmaculada concepción

O sea, festivo en este país, «»»laico«»».

El pasado martes 6, día de la Constitución, me encontré teniendo una curiosa conversación con mi sobrina Jimena que me dijo que el jueves era fiesta porque era la inmaculada concepción. Le dije que qué era eso y me contestó, con una seguridad pasmosa, que era que la virgen había concebido sin el pecado original. Y se quedó tan feliz, ella.

No quise ahondar en preguntas que podrían poner en un aprieto su confianza, ni quise saber cuánto sabía de lo que significaba concebir, por si acaso yo acababa en un aprieto.

Está en un periodo curioso porque está a punto de hacer la comunión. Junto con su hermano César, ambos, hijos de una pareja no casada por la iglesia. Pero esta iglesia católica cada día son más permisivos, cosa que no acabo de entender porque acaban por dejar de lado el significado de lo que supone realizar la comunión o el bautismo que deben hacer (no estaban bautizados hasta ahora) para poder comulgar.

Hace un par de meses nos pidieron a Carmen y a mí que fuésemos los padrinos de uno de ellos, aún por determinar, al que, según la definición que da la iglesia católica de bautismo, tendríamos que educar en la fe católica.

Padrinos

Cuando los infantes son solemnemente bautizados, las personas asisten a la ceremonia a hacer la profesión de fe a nombre del niño. Esta práctica viene de la antigüedad y es atestiguada por Tertuliano, San Basilio, San Agustín y otros. Dichas personas son designadas sponsores, offerentes, susceptores, fidejussores, y patrini. El término en español es padrino y madrina. Éstos, a falta de los padres, están obligados a instruir en lo referente a la fe y la moralidad. Es suficiente un padrino y no se permite más de dos. En el caso de que sean dos, uno debe ser hombre y el otro mujer. El fin de estas restricciones es el hecho de que el padrino contrae una relación espiritual con el niño y sus padres, lo que sería un impedimento de matrimonio. Los padrinos mismos deben ser personas bautizadas que tengan uso de razón y deben haber sido designados como padrinos por el sacerdote o los padres. Durante el bautismo deben tocar físicamente al niño ya sea personalmente o por algún otro medio. Lo que es más, se requiere que tengan realmente la intención de asumir las obligaciones como padrinos. Es deseable que hayan sido confirmados, pero esto no es absolutamente necesario. A ciertas personas se les prohíbe actuar como padrinos. Ellos son: miembros de órdenes religiosas, personas de matrimonios distintos, o los padres de los que van a ser bautizados, y en general aquellos objetables por razón de infidelidad, herejía, excomunión o que son miembros de sociedades secretas condenadas, o pecadores públicos (Sabetti, no. 663). Los padrinos también son empleados en el bautismo solemne de adultos. Nunca son necesarios en el bautismo privado.

Fuente: Enciclopedia Católica OnLine

Claro que, yo soy un feliz hereje, seguramente un pecador público y no reconozco la validez de mi bautismo, así que tuve que decantarme por un sonoro no.

No pude decir que sí, pero tampoco acabo de entender cómo sus padres pueden decir que sí, cómo la iglesia les permite bautizarles sin estar casados por la iglesia, sin, reconocidamente, creer en dios ni en los mandamientos de la católica. La verdad es que todo esto me resulta tan extraño que me pregunté porqué ocurría y acabé dándome cuenta de que el problema no era religioso, sino social.

Vivir en una sociedad pequeña a veces puede resultar opresivo, pero también hay que responsabilizarse de la coherencia de las decisiones propias, cosa que yo no puedo evitar hacer, aunque en ocasiones no lo haría para comportarme más amigablemente, encajar mejor con un entorno que tiende a homogeneizar y rechazar la diferencia.

Pero digo no, un sonoro no, cuando no quiero que algo sea como no creo que deba ser. Soy tan simple.

Sé que vivir en un pueblo como Daimiel y mantener esa coherencia implica ciertas recriminaciones sociales, cierto problema en la educación de los hijos que acabarán por sentirse excluidos en muchos entornos, pero creo que la exclusión es algo contra lo que hay que luchar no acatándola sino padeciéndola.

No sé qué habría hecho yo en una situación en la que se encuentran mis cuñados, supongo que no habría llegado a ella, puesto que jamás habría aceptado que educasen en religión a mis hijos, pero puede que, incluso así, ellos hubiesen envidiado a sus amigos (que puede que lo fuesen menos) que tenían formidables fastos ceremoniales, subvencionados por todos los españoles, por cierto, mientras que a ellos tendría que haberles compensado laicamente en una ceremonia artificiosa y falsa… aunque no más ni menos que la religiosa de rigor.

Pero ellos encontraron que nadie llevaba a sus hijos pequeños a otra cosa que no fuese religión (por supuesto católica) en el colegio, así que los suyos habrían sido los primeros en salirse del sistema (salvo un par de niños musulmanes, con los que mejor, parece ser, no relacionarse). Pero alguien tiene que ser el primero, alguien ha de dar un paso valiente, decir no, sonoros noes, cuando hacen falta.

Y para mí, la educación de un hijo (que no tengo, así que muchos me atacarán personalmente por aquí, obviando la argumentación) es dependiente de la coherencia con la que se viva, la vida debe ser ejemplar, el ejemplo ha de ser la base de la educación.

Y lo más importante que pueda haber es la educación de nuestra descendencia. Sin eso, no hay esperanza de futuro, salvo una continuidad improgresiva de un pasado rancio, anquilosado, tradicional(ista) y, por supuesto, excluyente, autoritario, dictatorial, que nunca hemos, realmente, superado.

El Tango NO es un baile social

Estoy harto de oír que el Tango es un baile social, se insiste tanto como en aquellas cosas que no son ciertas que acaba por demostrarme, casi, su irrealidad.

En las milongas, sitios donde se baila tango, se insiste (porque todo en este mundo va de insistir) en que hay que respetar códigos para poder convivir en un espacio social compartido: códigos que, en muchos casos, mantienen la separación de roles/géneros asignando al hombre el papel dominante y a la mujer el sumiso y obediente, que ha de llegar bien mona, preferiblemente ser joven y lucir carne, pero sin excederse, so pena de ser considerada vulgar, que resulta ser el más ofensivo de los insultos en ese mundillo anquilosado a la pretensión romántica de vivir de una nostalgia de tiempos que no existieron nunca.

[youtube_sc url=http://youtu.be/FJ2gXqfg-4M «width=100%» rel=0 fs=1]Otros códigos insisten (porque todo en este mundo va de insistir) en la necesidad de respetarse circulando en una única dirección, como en la secuencia del Expreso de media noche en la que todos caminan en círculo (aunque sería más correcto decir en circunferencia, pues se camina en una curva y no en una superficie… aunque esto tampoco es del todo correcto, quizá podría ser una corona circular).

La razón que se aduce para ello es que, si no fuese así, nos chocaríamos sin parar. Y yo pienso que eso es así porque el Tango NO es un baile social. Caminar por la calle es una acción social. No es necesaria ninguna regla explícita para no chocarse. Sabemos caminar sin golpearnos e, incluso, diría más: aunque nos choquemos, somos capaces de disculparnos, sonreírnos y continuar el camino sin que ello nos impida disfrutar del paseo.

Caminar es una acción social. Caminar en las calles de Madrid en esta época del año es especialmente agotador, teniendo en cuenta que la densidad de gente en el centro se multiplica por un entero superior a cuatro e inferior a diez (no sé porque dije por un entero… es bastante improbable que sea un entero, pero esa cuestión la dejo para otro día).

La gente (mucha, perdón por la generalización) a veces sale de una tienda sin mirar, sale de un cine sin mirar, no se detiene a pensar si estorba en ninguna parte, sintiendo que todo el espacio es suyo, ahí están las personas que se sitúan a la izquierda de unas escaleras mecánicas en una ciudad acelerada que requiere un carril rápido, ahí están las parejitas de viejitos que caminan por la calle sin darse cuenta de lo mucho que ocupan, ahí están las múltiples personas que invaden nuestro espacio físico y acústico (que también es físico) con sus móviles, sus dispositivos varios y sus voces más o menos irrespetuosas del espacio público compartido.

Pero convivir es una actividad social: no requiere reglamentar todo, como si fuese la ley antitabaco, sino dejar a los humanos la posibilidad de desarrollar capacidades de comunicación (que SÍ es algo inherentemente social) para poder compartir ese espacio en una mezcla de respeto y tolerancia.

Pero no. En Tango, no puede dejarse a la gente esa posibilidad porque el Tango no es una actividad social, no es un baile de grupo social: el Tango es un baile celular. La célula que ha de protegerse es exclusivamente la pareja, el laureado abrazo, la relación bipersonal que se establece y que es la única base verdadera del Tango.

Un concierto de Ska es social: la célula básica es el grupo, de modo que la convivencia ha de ser grupal y el respeto es algo que se asume, no que ha de imponerse insistentemente. Unos saltan sobre otros sin que pase nada por ello, es más, si no pasa esto, no hay interés.

Y hay quienes insisten en comparar las normas de circulación en la pista de Tango con las normas de circulación viales. Es un mal ejemplo y un buen ejemplo al mismo tiempo para acabar con el mito de que el Tango es un baile social.

En primer lugar, las normas de circulación viales se establecen para prevenir de posibles problemas derivados de choques entre vehículos, pero también por la necesidad de proteger a peatones y otros móviles en el espacio de circulación. Las calles son más o menos ya una guía de la que no salirse, es una actividad funcional y no placentera, cuyo único objetivo es ayudarnos a desplazarnos, no a disfrutar del acto del desplazamiento.

En segundo lugar, y para mí el más relacionado con este texto, se imponen normas de circulación viales especialmente para que las células de vehículos privados no afecten a lo que ocurre en las células de otros vehículos privados: moverse dentro de un autobús SÍ es un acto social. Estar dentro de un coche privado no es social, sino celular.

No quiero que me afecten, a mí que estoy encerradito en mi recinto asocial, a mí que estoy dentro de un lugar que considero inafectable por los otros, es decir, no quiero que se metan en mi entorno en lo más mínimo: así que hago unas normas de circulación… vale… pero porque el Tango NO es un baile social.

El objetivo no es proteger la sociedad que se forma, sino evitar que se forme. Formar un grupo de células aisladas cuya única interacción quede reducida a miradas de soslayo no siempre amigables, a sonrisas de pura cortesía, a aceptar una convivencia que no se tolera, pero se acepta siempre y cuando no me afecte. Eso no es respeto y no es tolerancia: es únicamente aceptación y cumplimiento de normas que eviten una guerra.

Se dice que es difícil bailar sin esas normas: Y estoy de acuerdo, porque esas normas sirven para evitar que pueda haber un contacto social indeseado. No discuto la posible utilidad (no necesariedad) de las normas, sino su verdadero sustento y objetivo que no es otro que defender la unidad asocial, individual y aislada de la pareja en el abrazo, en un mar de otros con los que no se desea tener ni el más mínimo atisbo de intercambio social.

La dificultad de algo no implica su imposibilidad. Puede bailarse sin esas normas. Habría más choques, sí, claro, pero no necesariamente más si desarrolláramos la capacidad de mirar con respeto y tolerancia a los otros en todos los entornos sociales en los que vivimos. Es posible hacerlo, pero no se desea hacerlo. No queremos realizar el esfuerzo SOCIAL de intentar convivir en un espacio común respetándonos y tolerándonos, es una vía mucho más rápida y sencilla prohibir, obligar, acabar con la posibilidad de interacción social de la que tanto se recela porque provoca, siempre (parece ser) conflictos indeseados. Sí, eso es lo normal en una sociedad intolerante e irrespetuosa.

Resumen:

  • Respeto != Cumplimiento de normas
  • Tolerancia != Aceptación
  • Respeto y Tolerancia = Aptitudes a desarrollar en un entorno social
  • Normas y Aceptación = Estructura básica de sistemas autoritarios
  • Entorno Social = Algo vivo que no siempre me gusta
  • Sistema Autoritario = Algo muerto que no siempre me gusta

Un artista imposible

[FMP width=»480″ height=»360″]https://giusseppe.net/blog/wp-content/uploads/2011/11/artista-que-prueba-todo.mp4[/FMP]
Un artista debe hacerlo todo, según dicen en este pequeño pedacito de un capítulo de SixFeetUnder… una serie de culto que estoy viendo con mi chica.

Según el personaje: «Un artista debe probar todo lo que se le ponga a su alcance», pero no parece darse cuenta de la paradoja que esto encierra.

Probar todo sería también probar a no probar cosas, lo que es claramente imposible de resolver dentro de la lógica bievaluada. Esta afirmación tan habitualmente oída es la excusa perfecta para probar cosas que se desea y para las que precisamos algún tipo de justificación que nos exima de nuestra moralidad y su cumplimiento o para justificar porqué no se es un artista. Ambas cosas son mezquinas y miserables.

Relacionar probar cosas (algunas y nunca todas) con ser artista sería, sin embargo, tanto como no decir nada, puesto que siempre se prueban cosas (algunas y no todas) lo que no es una condición suficiente para ser artista. Ni siquiera necesaria.

Un artista que lo probase todo sería tan solo posible si fuese dios, pero un dios omnipotente que estuviese por encima de la lógica y que, por tanto, pudiese hablar incluso de una creación ex-nihilo… pero ese artista dista mucho de ser un objetivo a lograr.

El error y la creatividad

Me encanta que alguien lo diga con total claridad, como este señor:

Si no estás dispuesto a equivocarte, nunca llegarás a nada original.
Ken Robinson

Isidoro Valcárcel MedinaHe de reconocer que es algo que ya sabía. Es más, sobre creatividad, me gusta más la idea de vivirla como una actitud, como nos recuerda Rafael Lamata en su libro, prologado, como no podía ser menos, por el ejemplo viviente de esta idea: Isidoro Valcárcel Medina.

Pero es agradable que se oigan estas voces, como las de este hombre, Ken Robinson, entrevistado por Eduardo Punset (quien me genera cierta repulsión por su tonillo un tanto pedante, pero cuyo programa considero de lo mejorcito que hay en la divulgación científica/cultural en TV). Es posible que estos programas tengan los días contados como los tuvo CNN+ para ser el gran hermano 24h. ¡Manda huevos!

Al menos, tenemos en hemeroteca estos programas de la TV2 que será desmontada en breve, con la excusa de los recortes, dejando un TV1 mermada, escasa, de contenidos basurescos, competidores de AnaRosas y Terelus, de peliculitas de serie B en el mejor de los casos y algún evento deportivo o cultural considerado de interés nacional, como un partido de furbol o una corrida de toros, además de, los domingos, la misa. Lo demás, al olvido de la web en el mejor de los casos.

De momento, aprovecho para enlazar los vídeos desde aquí:

  • El sistema educativo es anacrónico. No puedo estar más de acuerdo. Hay que verlo completo y entender que sin el desarrollo completo del ser humano, las máquinas siempre serán más eficaces.
  • Todos tenemos la capacidad de ser creativos. Algo que repito sin cesar en mis talleres y que espero ayudar a divulgar para que cada uno encuentre lo que verdaderamente le apasiona y le mueve. El motor de la vida. Y siento estar consiguiéndolo en cierta medida.

Rogaría a todo aquel que encuentre estos textos y vídeos que los vea, al menos una vez en la vida.
De momento, los dejo aquí para no olvidarlos nunca y poder referenciarlos de cuando en cuando. No quiero perderlos. Son de lo mejor que he visto en programas de entrevistas (aunque el Punset me siga pareciendo un soso pedante).

Reciclado hasta el último minuto

Y más allá. O en el más allá. O después de. O tras la caída de la última cortina o el telón.

Hace algunos días una muy buena amiga me preguntó ¿Qué pasaría si yo muriera mañana? y contesté en torno a la reacción de la gente de mi alrededor, así como al pensamiento subjetivista e hiperperceptivista y su inevitable conclusión de que el mundo se acabará conmigo.

Pero unos días después, charlando con Carmen al respecto del hecho de sentir que hay papeles que no tenemos resueltos pensando en el futuro, le dije que había una disposición que me gustaría apuntar o apuntalar, que es la concerniente al tratamiento de mi cuerpo tras la muerte.

¿La muerte del cuerpo? ¿O acaso hay alguna otra muerte que me interese? Voy a centrarme en la muerte física, de momento.

Deseo que mi cuerpo (no es tanto un deseo, como lo que me parece razonable, es más, no sé si tiene sentido que desee algo con respecto a mi cuerpo una vez muerto, pues el mundo habrá desaparecido… ver artículo citado) sea o pueda ser de algún interés.

¿Qué es mi cuerpo una vez muerto?

Carne y órganos con alguna función aún disponible.

Obvio: que todo lo que se pueda aprovechar sea aprovechado por otros seres humanos aún vivos, es decir, dono mis órganos (que ya no serán míos) a quien pueda precisarlos. ¡Faltaría más!

Aún no he tramitado ninguna solicitud de donante (acabo de hacerlo en la web de la Organización Nacional de Trasplantes) y no lo he especificado en ningún tipo de testamento vital… pero quiero dejar constancia de que es mi deseo, que reiteraré cuantas veces sean necesarias a todos los de mi entorno familiar y afectivo.

El hecho de tener que declararte donante es algo que siempre me ha parecido ilógico, puesto que debería ser lo que se realizase por defecto con los cuerpos de los humanos fallecidos, salvo que algún tipo de objeción religiosa (siempre la mierda de las religiones paralizando la posibilidad de curación de personas por salvar sus presuntas almas, espíritus u otras entidades de dudosa existencia frente a la existencia bastante concreta de los cuerpos salvables).

Dado que parece que no va a cambiar en breve esta prioridad de lo religioso frente al planteamiento racional y laico, heredero de la revolución francesa a la que tanto debemos, he decidido comenzar algunos de los trámites requeridos para ir contra un sistema que sigue defendiendo los valores puramente religiosos por encima de los verdaderamente morales. Necesitando la existencia de una moralidad impuesta o revelada por algún dios suprahumano. ¡Qué maldita desgracia!

Así, hoy he solicitado mi tarjeta de donante de órganos. Mañana (o en breve) solicitaré mi apostasía, o mi excomunión, si es más fácil conseguirla, en vistas de que no es suficiente con no participar de sus ritos para que dejen de considerarme cristiano.

Pero ¿Qué hacer con lo que queda una vez que se han repartido los órganos?

Las opciones habituales son: entierro, incineración o donar el cuerpo a la ciencia.

Por supuesto, me decanto por donar el cuerpo a la ciencia, pero ¿y si no lo admiten? Es bastante probable que no sirva de mucho después de descontados los órganos, así que… ¿qué otra opción me queda?

Lo de enterrarme dentro de un ataúd, me resulta tan estúpido como no donar órganos: me gustaría que mi cuerpo, al menos, pudiese servir de alimento a los animales. La verdad es que lo que me haría especial ilusión es que pudiese donarse mi cuerpo para alimento de animales carroñeros (a veces digo dárselo de comer a los cerdos, pero creo que esto no sería muy apropiado para la ingesta posterior de los mismos por humanos, aunque el tema del rechazo a la antropofagia nunca lo he podido entender, aunque sí comprendo que las medidas sanitarias recomiendan que el fallecimiento del animal a consumir se produzca de manera controlada para no generar una carne que puede ser de ingesta dañina).

Descuartizar los restos humanos que queden tras mi muerte y tirarlos a algún contenedor (no sé de qué color) me parece la opción más razonable. Pero no está muy extendida, por no decir que es bastante puesta en duda. El tratamiento de residuos orgánicos humanos no parece estar entre las prioridades de ninguna agencia de reciclado. Y yo no entiendo el porqué.

La incineración tiene la ventaja de que los restos son reducidos al máximo, pero a un coste energético elevado, pues llevar a cabo la combustión de mi masa corporal (descontado lo donado) genera una cantidad de dióxido de carbono innecesaria. Si al menos esa combustión alimentase algún generador termoquímico, me sentiría mejor. Eso sí, los restos más o menos pulverizados desearía que pudiesen servir de abono o fertilizante en alguna huerta, porque almacenarlos como objeto de culto vuelve a llevarme a hacer sentir la claustrofobia de no poder escapar del sentimiento religioso que tiene la inmensa mayoría de la población en torno a la muerte… y que no comparto en absoluto.

Carne. Carne muerta. Carne que se va pudriendo y que ha de ser reciclada, como cualquier otro residuo orgánico, vuelta a la vida, de manera que lo que quede vivo tras mi muerte (suponiendo que quede algo) pueda beneficiarse de ella. Como un disco duro extraído de un viejo ordenador, que puede servirle a otro.

Tengo que trabajar tanto por pensar diferente a la mayoría…
(por, no para)

Los tecnócratas en Italia

He oído ya varias veces que en Italia ha habido un cambio de gobierno y que ahora el país es gobernado por técnicos en contraposición a políticos.

No me gusta la forma en que ha ocurrido, pero haría una aclaración o lanzaría una pregunta ¿Berlusconi era un político?

Para mí, ese señor es un empresario que consiguió tener el aparato mediático tan importante como para convencer al electorado repetidamente, haciéndole creer que era la única opción viable para el gobierno del país. Ese señor era poco más que un dictador camuflado de elección, como lo fue Franco quien llevó a cabo algún que otro referendum tras crear la Ley de Referendum dos años antes:

Ley de Referéndum de 1945
(22 de octubre de 1945)

Abierta para todos los españoles su colaboración en las tareas del Estado a través de los organismos naturales, constituidos por la familia, el municipio y el sindicato, y promulgadas las Leyes básicas que han de dar nueva vida y mayor espontaneidad a las representaciones dentro de un régimen de cristiana convivencia, con el fin de garantizar a la Nación contra el desvío que la historia política de los pueblos viene registrando de que en los asuntos de mayor trascendencia o interés pública, la voluntad de la Nación pueda ser suplantada por el juicio subjetivo de sus mandatarios; esta Jefatura del Estado, en uso de las facultades que le reservan las Leyes de 30 de enero de 1938 y 8 de agosto de 1939, ha creído conveniente instituir la consulta directa a la Nación en referéndum público en todos aquellos casos en que, por la trascendencia de las leyes o incertidumbres en la opinión, el Jefe del Estado estime la oportunidad y conveniencia de esta consulta.

En su virtud, dispongo:

  • Artículo 1.- Cuando la trascendencia de determinadas Leyes lo aconsejen o el interés público lo demande, podrá el Jefe del Estado, para mejor servicio de la Nación, someter a referéndum los proyectos de Leyes elaborados por las Cortes.
  • Artículo 2.- El referéndum se llevará a cabo entre todos los hombres y mujeres de la Nación mayores de veintiún años.
  • Artículo 3.- Se autoriza al Gobierno para dictar las disposiciones complementarias conducentes a la formación del censo y ejecución de la presente Ley.

Y ahora nos hablan de pérdida de democracia. Pero en España nunca hemos tenido una verdadera democracia. Esto es así. Nunca hemos podido plantear cuestiones básicas como la monarquía, la religión o la naturaleza más o menos unitaria del estado centralista. Es decir, los tres pilares de la escasa ideología franquista siguen en pie como en 1945.

Adornos, eso sí, tenemos más adornos.

E Italia… bueno, más de lo mismo, pero en su caso involucionaron, yendo a caer en manos de ese señor como antaño lo había hecho Alemania en 1932, también eligiendo «democráticamente» a Adolf Hitler. Quien se encargó rápidamente de deshacer cualquier atisbo de oposición, de crear una opinión única, de personalizar el poder en un único amo y señor del destino alemán. Como Berlusconi en Italia.

Pero las cosas han evolucionado hasta el punto de que ya se sabe que no es buena idea gobernar desde la visibilidad, que es más interesante hacerlo desde las bambalinas, y el señor del que hablo, ese tal Berlusconi, lo seguirá haciendo, pues su emporio mediático, su poder económico no ha sido mermado en absoluto. Pronto podremos apreciarlo.

Y en cuanto a lo del gobierno tecnócrata frente al gobierno político…

Prefiero un gobierno «político», pero las candidaturas que se presentan con opción a ganar las elecciones, presentan un programa técnico, gestor, que, sin embargo, van a poner en práctica políticos al frente. La verdad es que con programas de este tipo, prefiero técnicos al frente.

Lo que desearía son programas teñidos de ideas, de ideologías (aunque esta palabra esté tan mal vista que ha llevado a esta situación), de promesas socio-económicas y visión largoplacista, quiero que me digan qué harían si tuvieran 40 años, quiero que me digan cómo desearían que fuese el mundo… no quiero que me digan qué parche van a aplicar para resolver un problema puntual. Para eso, contrato un técnico…

hummmm…..
Malos tiempos para la libertad.

Esto no es una broma