Tres poemas «por sustracción», compuestos en un único palimpsesto de palimpsestos…
lecturas
Nieve
Cae la melosa nieve
cautivando miradas
manto
siempre manto
algodón frío
hoy me recuerda
el libro duro y cruel
que terminé esta noche
de Primo Levi
sobre su estancia en Auschwitz
durante la matanza sistemática
trabajando en su propia
máquina de destrucción masiva
sobreviviendo
al invierno polaco
bebiendo agua helada
tras filtrarla para no enfermar
intentando mantener la humanidad
sobre una nieve de hombre libre
que se puede ver a través de una ventana
mientras las piernas entran en calor
gracias a 800 vatios de potencia
y se escribe un poema sobre
la melosa nieve
cautivando miradas
y se critica sutilmente
el abuso
de la palabra manto
para referise a ese cobertor blanco
de estructura microscópica tan particular.
Presentación La Memoria de las Hojas
Ilusionado, hoy acompaño a Susana Recover en este evento presentándola, prologándola. He ayudado a su creación desde el primer momento, aquellos lejanos años de primeros del siglo XXI, cuando se acercó a mi entonces inexperta mano de coordinador de Talleres de Poesía. Creyó en mí. Ahora, muchos años después, su primer libro ve la luz.
Ha seguido creyendo en mí para ayudarla en el proyecto, para poner en marcha su andadura, para estar a su lado en la presentación en sociedad del libro. Y me hace feliz saber que, gracias a mi trabajo, poco a poco, pero inexorablemente, hay más poesía en el mundo. Por supuesto, también gracias a su trabajo, a su creatividad, a su constancia, a su mirada y a su poesía.
Dejo el prólogo aquí pero ya está en el libro:
Prólogo de Memoria de las Hojas
Un rastro de tu aliento
que rueda en mi piel:un poema.
Instantes. Susana Recover
Se impone silencio. Habla el corazón. Un corazón entre los dedos y unos dedos de pura intuición. Se regala espacio en blanco a la orilla del mar. Se propone lectura liberada de normas para escritura liberada de vuelo de ave en medio del cielo. Se buscan palabras a ras de suelo aunque sean malévolas y escurridizas. Se ofrece poesía con el peso de unas botas, un bebé de cinco kilos o un torrente de memorias.
Todas estas aventuras se encuentran en las letras de este delicado poemario que Susana Recover ha venido produciendo desde hace más de una década.
A principios del milenio en curso, se acercó a uno de los talleres de poesía y escritura creativa que proponemos en la Asociación Cultural Clave 53 y, al menos desde entonces, me consta, Susana no ha dejado nunca de escribir. Con más o menos facilidad, ha encontrado huecos para no cesar su rayo de palabras, para continuar satisfaciendo su necesidad de ser poeta. Avatares varios que nos cuenta sutil en estas líneas, con la sinceridad y la honestidad de una poesía íntima y desnuda, carnal y visceral, pero con la ternura modulada por una inteligencia creativa y consciente.
En la poética de Recover se puede encontrar aunada con habilidad una poesía sintética, sencilla, donde podemos rastrear lejanas influencias de realistas sucios, pero también de Wislawa Szymborska, junto a un enfoque analítico, descompositivo, casi constructivista que profundiza una mirada compleja a un entorno en constante evolución y al que se adapta con energía y sabiduría.
Carente de pretensiones esteticistas, pero con un claro interés por la palabra poética en su más pura forma, parece una poesía fácil, casi simple, sin serlo en absoluto. Es una poesía elaborada y que surge no sólo de estados emocionales temporales sino de una voluntad firme de generar versos. Voluntad que se nutre de servir de ejemplo, entre otras cosas, a su hija Irene, a quien le regala la dedicatoria de este libro, aunque quizá no tiene en cuenta que ha sido ella, Irene, quien le ha regalado a ella, Susana, la exigencia de escribirlo y con ello regalárselo a todo lector que se acerque a este texto.
Tras varios años de silencio había sido requerida por su hija para explicarle por qué no había escrito ya el libro que tenía en mente escribir. Pero la pregunta no tenía excusa, como bien saben el Bukowski de «Aire, luz, tiempo y espacio» y la autora, lectora de este maldito norteamericano, así que tan sólo había postpuesto lo inevitable: cerrar este capítulo gestor, redondear lo necesario para terminar el libro para el que llevaba goteando poemas desde hacía tres lustros.
Después de recorrer los cajones electrónicos y analógicos en busca y captura de sus antiguos escritos, afrontó la tarea de completar lo hallado con nuevas producciones que fue vertiendo durante varios meses del 2016, alcanzando cotas de calidad fruto posible de la madurez como persona y poeta.
Durante estos tiempos de trabajo, he tenido el placer de ir recibiendo el material trabajado y darle forma, una forma compleja, difícil de adecuar a una poesía libre y pausada, equilibrada, de verso corto y denso, sin florituras ni artefactos líricos, que no recargue una composición tan contenida, pero no por ello incapaz de convulsionar el motor de la emoción.
Muchos de sus poemas no tenían título así que en la edición hemos apostado por dejar un sugerente indicativo de lo que podría haber sido, apenas legible, en un gris claro casi blanco, entrecorchetado y en cursivas.
La separación en secciones no es en absoluto arbitraria y nos habla de la multitud de motivos de la poesía de esta autora que se reparten a lo largo y ancho de las visicitudes de una vida y un planeta, a ambos lados de un charco llamado océano, de Binigaus, Choroní a Córdoba o Rascafría.
Por supuesto, no podía faltar una sección dedicada a Irene, esa perla que, como decíamos antes, ha incubado en cierto modo la voluntad de nacer de este libro, que incluye algunas de las más antiguas composiciones de Susana Recover.
El poemario se cierra con una delicadísima sección de Instantes, el aware asombrado de un haiku, sobrecogimiento austero y emotivo, con una certeza y un anhelo: tras la última palabra, silencio y tras ese silencio, vendrá otro libro.
Mirar, de John Berger
He leído en estos días navideños que han pasado un par de libros de John Berger y he visualizado cuatro documentales de media hora que se hicieron en la BBC hace algunas décadas. Sorprendentemente, sigue siendo vigente todo su contenido.
Andaba buscando algo relacionado con «composición» o técnica de composición plástica, pero he acabado dando con estos libros aconsejado por mi estimado Jaime Vallaure. No era lo que buscaba, pero ha sido un encuentro.
Dejo los vídeos para quien quiera tenerlos accesibles de manera sencilla subtitulados en castellano:
John Berger – Ways of Seeing / Modos de ver (Ep. 1) Subtitulado (CC)
John Berger – Ways of Seeing / Modos de ver (Ep. 2) Subtitulado (CC)
John Berger – Ways of Seeing / Modos de ver (Ep. 3) Subtitulado (CC)
John Berger – Ways of Seeing / Modos de ver (Ep. 4) Subtitulado (CC)
La lista completa está en mi playlist sobre Composición Visual de Youtube:
Transitar
TRANSITAR
El verbo transitar viene del latín transitare, frecuentativo formado a partir del nombre de acción transitus (tránsito) del verbo transire (ir de un lado a otro, atravesar) compuesto por trans- (de un lado a otro) y el verbo ire (ir).
Otras palabras formadas con trans– incluyen transeúnte, transgénico, transgredir, transliteración, traspontín, tranvía. Este prefijo latino viene de la raíz indoeuropea *terə-2 (cruzar, pasar por), que nos dio avatar a través del sánscrito.
De ire tenemos: ambiente, andar, comicios, inicio, pretérito, sedición, etc. El verbo latino ire se asocia con la raíz indoeuropea *ei– (conducir), que estaría presente en el griego εἶμι (eimi = yo camino) y de ahí la palabra ion.
Me da bastante por saco cuando una web se empeña en impedir que se pueda usar el botón derecho para, por ejemplo, seleccionar texto de la misma. Como si pudieran poner verjas al campo. Y es que, si me dejan ver si página, puedo, sin ir más lejos, descargarme la misma e incluso modificar el código HTML que me impide hacerlo, o, más sencillamente, obtener directamente desde el código fuente la información que preciso.
Tan sólo lo ponen un poco más complicado, pero no es evitable. Salvo que lo conviertan todo en una imagen, por ejemplo, lo que acabaría siendo absurdo e insostenible. Alguna vez se tendrá que hablar con seriedad de la manera en la que compartir el conocimiento en algo tan inabarcable e ingobernable, aunque se empeñen, como es Internet.
Lo siento por quienes pretendan vivir como si nadie supiese nada… pero no es así.
La economía del lenguaje y el género
Hoy me ha llegado esta carta que comienza con un Vecinas y Vecinos, muy bonita, pero que acaba haciéndome buscar en qué momento del texto tarde o temprano va a haber un error de concordancia de género gramatical o, sencillamente, una victoria de la economía del lenguaje que acaba por desterrar la intención del comienzo, en ese «aquellos» que ignora o invisibiliza las «aquellas» y a otras personas que no se puedan o quieran sentir identificadas por el género gramatical masculino plural.
Pero no me voy a explayar más sobre un tema sobre el que hay tanto tanto escrito… y tan poco acuerdo como para llegar a encontrarse discusiones sobre si ha de usarse «amigXs», en lugar de «amigos/as» o «amigues»… pues el primero carece de posibilidades de representación fonética del idioma (no hay quién lo lea, vaya), el segundo se muestra, según algunos colectivos (perdón por las oes), insensible para quienes no se identifican dentro del binomio masculino/femenino y el tercero, quizá el más razonable, acaba por dejarse de lado a la mínima que hay que usar le y despreciar para siempre la/lo, etc, así como los adjetives…
En resumidas cuentas, una batalla sin sentido en una guerra absolutamente necesaria para conseguir la igualdad de género, la aceptación de la diferencia o la abolición del heteropatriarcado normativo (normalizador).
Proyecto Puntuación
Sólo por ver en el navegador la pestaña de la publicación de uno de los engendros generados por el programa puntuación.c ha merecido la pena hacerlo.
La idea es realizar un libro cuyas páginas tan sólo contengan puntuación, incluidas también la ñ y la ç. Además, hay otros signos como los paréntesis, corchetes, llaves, las arrobas, almohadillas, dólares y ampersand.
No he querido emular a e.e.cummings, sino ir más allá de lo posible con una lectura imposible. Quizá más en la línea de los Cuatro Sonetos del Apocalipsis de Nicanor Parra.
los libros te transpasan
los libros te transaccionan
los libros te transan
los libros te transbordan
los libros te transcriben
los libros te transcurren
los libros te transfieren
los libros te transfiguran
los libros te transfloran
los libros te transforman
los libros te transfriegan
los libros te transfretan
los libros te transfunden
los libros te transgreden
los libros te transigen
los libros te transan
los libros te transitan
los libros te translimitan
los libros te transliteran
los libros te transmigran
los libros te transmiten
los libros te transmontan
los libros te transmudan
los libros te transmutan
los libros te transparecen
los libros te transparentan
los libros te transpiran
los libros te transpolan
los libros te transponen
los libros te transportan
los libros te transterran
los libros te transustancian
los libros te transvasan
Me llegó Hambre
Me llegó tanta hambre
que los libros se repartían por la mesa
con un desconcierto nórdico
buscándome los huecos del cerebro
como ánimas del purgatorio.
Me llegó un hambre desbocada
un hambre a caballo de un servicio postal equivocado
un hambre voraz devoradora
de hombres y de hembras
o de hombros y de hebras.
Me llegó hambre en octosílabo
hambre de hojas de arce aniquilado
un bastión de hambres congeladas
hambres ruines y solemnes
con un poemario andaluz.
Me llegó un hambre inabarcable
hambre de descripción aguda e imponente
hambre de mar de sol de luz de luna
hambre de amor de alud de asilo y sombra
hambre de piedad de horror de gritos y susurros
hambre de piel de huecos de búlgaro y de nieve
hambre de altura de ojo de luciérnaga y piedra
hambre de halcón de águila de buitre y de carroña
hambre de cicatriz de telefonía de papel y de sueño
hambre de cefalea de dedos de uñas y de miedo
hambre de mar de sol de luz de luna y de silencio.
Me llegó un hambre de hambre
con olor a náufrago de barro
y no supe qué hacer con tanta hambre
salvo lanzar un grito al horizonte
y esperar la llegada del otoño
trayendo una metáfora tras otra
a la puerta de mi casa
a la puerta de mi canto
a la ventana de cada una de mis venas
llenas de amor enamorado
y hambre a raudales
de besos y de versos
inconclusos.
Una presentación esotérica
Eduardo Scala me invitó a asistir a esta presentación que tuvo lugar hace un par de viernes en la librería Enclave de Libros, Calle Relatores, 16, 28012 Madrid, España. Sentí un orgullo inmenso porque un autor de su talla tuviese tal detalle conmigo. E invité a mis alumnos al evento, haciéndoles saber que no verían una presentación típica de poesía típica.
Se presentaba un libro escrito por Ignacio Gómez de Liaño a raíz de 8 prólogos o reseñas sobre la obra de Eduardo Scala, que me encanta y ha marcado gran parte de mi trayectoria. Sin embargo, la presentación me resultó aburrida y pedante. No por ello no interesante, pero algo carente de cierto «sex-appeal» que quizá es innecesario, pero estamos tan acostumbrados en esta sociedad de entretenimiento permanente que lo sentí árido y algo inhóspito. Curiosamente, no creo que si hubiese sido obra directa de Scala me hubiese parecido lo mismo, pues él tiene una cierta humildad apabullante que resulta fresca de alguna manera y se agradece charlar con él, incluso aunque una conversación con Eduardo siempre derive algo extraña o, precisamente, por ello.
Eduardo tuvo el amabilísimo detalle de enviarme una fotografía en la que aparezco justo a su lado y me hace seguir sintiendo ese orgullo del que hablaba antes.
¡Qué preciosas experiencias depara Madrid, así, un día cualquiera!